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13 de febrero de 2010

Final de un cáncer sin dolor - Medicina Paliativa

Posted by Orlando Quevedo On 22:10 Sin Comentarios

Desvanecida la esperanza de una curación, el paciente con cáncer inicia un fuerte período, indefinido en el tiempo, cuyo trayecto estará permanentemente marcado por el dolor que genera el tumor en su cuerpo. La temida “fase terminal” no tiene por qué hacer traumático este transitar natural hacia la muerte, ya que existe una alternativa que le proporciona calidad de vida y una repercusión menos destructiva e intolerante a su existir y al de quienes conforman su entorno familiar: la medicina paliativa.
“El dolor es una experiencia emocional y sensorial asociada a una lesión existente o potencial. Esta definición es la más aceptada en el mundo, porque integra la dimensión afectivo-emocional y la sensorial-sensitiva del afectado”, define el anestesiólogo Sharif Kanahan citando el concepto elaborado en 1994 por el Comité de Taxonomía de la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor.

El especialista indica que existen tres tipos de dolor. El nocirreceptivo, que se origina cuando la lesión sufrida libera en la zona afectada nocirreceptores que generan una inflamación y una dolencia sectorizada; el neuropático, que es cuando el anterior envía constantemente los receptores a través de la médula espinal hacia el cerebro, afectando los nervios por los que viaja en ese trayecto; y por último el mixto, que es el que padece con mayor frecuencia el paciente con cáncer. Es decir, sufre dolor en el área donde tiene el tumor y en las vías de aferencia (de la periferia al centro).

“Incluso existen patologías donde no vemos el punto desde donde se transmite al cerebro y el paciente dice tener el dolor. Un ejemplo es el síndrome del miembro fantasma, que se observa cuando se amputa algún miembro y el paciente siente el dolor como si no lo hubiese perdido”, añade el anestesiólogo paliativista.

¿Paliativista? Sí, así se les identifica a los especialistas que ayudan a los pacientes terminales a tener unos últimos días menos dolorosos, y precisamente con ese término se califica también la fase de quienes no logran superar el período curativo. “El curativo es el primer lapso en el que el paciente tiene esperanza de eliminar el cáncer, se le realizan todos los tratamientos específicos y quirúrgicos, como nefrectomía y amputaciones, o tratamientos químicos como quimioterapia, radioterapia, braquiterapia u hormonoterapia, todo con la esperanza de sobrevivir, pero cuando eso no se logra viene la fase paliativa. El foco de importancia ahora es la calidad de la vida de ese ser humano”, detalla el experto en el área.

Todos para uno

Kanahan advierte que, además de la voluntad del paciente y la de su familia por enfrentar con entereza estos momentos, los cuidados paliativos serán exitosos cuando se cumpla con su esencia multidisciplinaria, dirigida a tratar al enfermo como un ser viviente desde varias aristas y considerando su muerte como un proceso natural.

La reticencia a la aceptación de la fase terminal ha devenido en los últimos 20 años a que los pacientes oncológicos padezcan los efectos nocivos de la ignorancia y sucumban ante una enfermedad ruinosa, gastándose hasta el último centavo en intervenciones quirúrgicas y tratamientos con la posibilidad de curarlos.

“En la actualidad hay una especialidad de la medicina interna enfocada en los cuidados paliativos, en la que se evalúa al paciente en su nutrición, estado físico, problemas respiratorios, cardíacos y renales, una visión integral que lo ayudará a sobrellevar la enfermedad”, dice Kanahan, convencido de que el logro del objetivo dependerá del nivel cultural, religioso y espiritual del enfermo y los suyos.

Concentrados todos en la meta, el anestesiólogo paliativista procederá a hacer el diagnóstico utilizando la “escalera analgésica”, diseñada en 1986 por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que comprende tres peldaños en los que se clasifica al dolor en un primer escalón, de leve a moderado; en un segundo como fuerte, y de intenso en el último.

“Dependiendo de la evaluación, en una escala que va del 1 al 10 se medicarán analgésicos desinflamatorios no esteroideos, paracetamol o acetaminofen, a quienes estén en la fase inicial. En el segundo escalón aplicaremos opioides débiles (tramal o codeína) combinados con aines, mientras que en el más grave se administrarán opioides (morfina, oxicodona, metadona y petidina).

Kanahan recomienda que, según las condiciones del paciente y de la ubicación del tumor, los medicamentos deben ingerirse por vía oral el mayor tiempo posible. “La medicación debe hacerse por reloj y no a demanda, lo que significa que cada sustancia debe suministrarse justo al tiempo que finaliza su efecto, evitando que vuelva el dolor”, asegura el anestesiólogo, quien considera prioritario que cada caso sea tratado de manera individual y con la mayor atención médica y familiar, a fin de manejar efectivamente los efectos colaterales de los medicamentos, que van desde constipación o estreñimiento, retención urinaria, visión borrosa, somnolencia, sequedad en la boca, náuseas y hasta vómitos.

Vías diversas

La morfina es el medicamento de oro en el tratamiento de los pacientes. Kanahan descarta de plano que esta sustancia sea sinónimo de muerte y precisa que es lo más idóneo en estos casos. “Si puede ingerirla por vía oral se medica un consumo de 0.5 a 1 miligramo por kilogramo/peso en una primera fase. A un paciente de 60 kilogramos le tocarían 60 miligramos de morfina en 24 horas, en seis tomas cada cuatro horas”, ejemplifica.

Para evitar los efectos colaterales, la morfina se acompaña de coadyuvantes hasta que se adecua el tratamiento en función de la respuesta obtenida. “Aquí no estimamos tiempo, puede durar meses o años”, alerta. En caso de que el paciente no pueda tragar, la segunda opción es la vena, pero a través de ella sólo podrá inyectarse un tercio de la dosis oral. Si la morfina resulta insuficiente, se procede a la rotación de medicamentos, que consiste en sustituir los opioides.

Kanahan dice que actualmente hay inyectadoras electrónicas que suministran la sustancia durante el tiempo que se requiera interrumpidamente y de manera ambulatoria.

“Quien no tiene venas ni puede ingerir, pero tiene mucho dolor, entonces utilizamos la vía subcutánea, colocando una mariposa en el abdomen, por donde se le pasa el tratamiento. También puede tratarse el dolor por la tibia con infusores para hueso, o un catéter peridural si la lesión es de los miembros inferiores, que se coloca tunelizado por vía subcutánea hasta el área abdominal”, refiere el paliativista, destacando que existen diversas alternativas.

Reitera que la reacción del paciente ante este “terremoto” es lo que dará la pauta. “Hay quienes prefieren decir que no sienten dolor y aceptan acudir al médico cuando se hace insoportable. No se quejan no porque no lo sientan, sino para no preocupar a la familia. El apoyo emocional es vital”. Kanahan es partidario de revelarle al afectado que tiene cáncer, porque, independientemente del tiempo, su fuerza de voluntad determinará una mejor calidad de vida.

15 de enero de 2010

Tumores óseos

Posted by Orlando Quevedo On 15:55 Sin Comentarios


¿Qué es?

Los tumores del hueso son poco frecuentes. Son más frecuentes las metástasis óseas secundarias a tumores en otros órganos, principalmente de la mama y la próstata.

Los tumores óseos son más frecuentes en menores de 15 años y en personas de edad avanzada con una frecuencia algo mayor en varones.

La clasificación de los tumores óseos es compleja. De forma general, se dividen en tumores benignos y tumores malignos.

Los tumores benignos están constituidos por células de tejido normal, tienen un crecimiento lento y no invaden estructuras vecinas.

Los tumores malignos los forman células diferentes a las del tejido normal, crecen rápidamente, invaden estructuras vecinas y pueden reproducirse a distancia dando metástasis.

Entre los tumores óseos benignos destacan el osteoma, el condroma, el osteocondroma, el linfangioma y el hemangioma.

Los tumores malignos más frecuentes son el mieloma múltiple, el osteosarcoma y el sarcoma de Ewing.

Cómo se produce

La proliferación celular anómala y el metabolismo óseo aumentado se ha relacionado con mayor frecuencia en niños en edad crecimiento con tumores óseos en fémur y tibia. La radiación previa también se considera causa de tumores óseos, así como la malignización de tumores previos benignos.

Sintomatología

Los síntomas suelen ser muy inespecíficos. El dolor puede no ser muy intenso, incluso si el tumor es de crecimiento lento, puede faltar. Cuando existe dolor, éste es localizado y aparece típicamente por la noche.

En algunos casos se produce aumento de volumen por el crecimiento del tumor o deformación por la presencia de una fractura patológica (fractura secundaria sin traumatismo previo o ante un mínimo traumatismo) que en algunos casos es el primer síntoma.

Cuando aparecen síntomas como anorexia, pérdida de peso, astenia o fiebre, hay que pensar en la existencia de un tumor maligno.

En general, los diferentes tipos de tumores aparecen más frecuentemente en franjas de edad determinadas y en localizaciones también determinadas.

Diagnóstico

El diagnóstico de los tumores óseos se basa en la clínica, las pruebas de imagen y las características de las células.

La radiografía simple es la primera prueba a solicitar. Muestra la localización, los límites, la forma y la densidad del tumor. Un tumor benigno se muestra bien delimitado con una estructura ósea normal. Un tumor maligno invade y destruye el hueso en el que se ha producido , faltan los contornos normales, no tiene unos límites claros e invade el tejido circundante. Puede ser osteoformador (formador de hueso), dando imágenes radiológicas características como "en sol naciente", en "capas de cebolla" o de "borde peludo" y osteolítico (destructor de hueso).

La RMN es la prueba más exacta para determinar la extensión del tumor óseo. Permite definir con precisión los bordes del tumor y su extensión. Es de elección cuando se sospecha el compromiso de partes blandas adyacentes.

La tomografía computerizada es útil para la evaluación preoperatoria de los tumores, aportando información sobre el tamaño de la masa tumoral, su localización y relación con la musculatura adyacente.

La biopsia del tumor se realiza con aguja fina (PAAF) o biopsia abierta, según las características del tumor.

En el caso de metástasis óseas, el estudio del paciente se dirige a la búsqueda del tumor primario.

Tratamiento

La cirugía es el tratamiento de elección en la mayor parte de los tumores, ya sean benignos o malignos. Algunos tumores benignos que no se operan, requerirán posteriormente controles de imagen regulares para seguir su evolución.

En los tumores malignos, el tratamiento se individualiza en función de las características del tumor y su extensión. La cirugía es el tratamiento de elección que se acompaña o no de quimioterapia antes o después de la misma.

La radioterapia se usa en caso de compromiso medular por la existencia de metástasis, posteriormente a la cirugía o como tratamiento paliativo en metástasis óseas no tributarias de cirugía con la finalidad de mejorar el dolor.

26 de noviembre de 2009

Cáncer de riñón

Posted by Orlando Quevedo On 10:00 Sin Comentarios




Qué es
El cáncer de riñón, adenocarcinoma renal, tumor de células renales, o hipernefroma renal, es el tumor sólido renal más frecuente del adulto. Representa el 2,3% de todos los tumores malignos y es más frecuente en varones que en mujeres (3:1), sobre todo entre los 50 y los 70 años, siendo la edad promedio 65 años.
Otros tipos de tumores malignos renales son el carcinoma tubular, el fibrosarcoma y el rabdomiosarcoma.
Cómo se produce
El desarrollo del cáncer de riñón, se ha relacionado con dietas ricas en grasas y colesterol, así como con agentes carcinógenos ambientales (exposición a cadmio, asbesto y productos petroquímicos) y tabaco, sin que se disponga de pruebas evidentes de la existencia de un factor causante claramente demostrado.
También existe una mayor frecuencia del cáncer de riñón en pacientes con insuficiencia renal en relación con el tiempo que lleven en diálisis , y el desarrollo de la enfermedad renal quística adquirida. Igualmente puede presentarse en riñones malformados como el riñón en herradura.
Por otra parte, este tumor además tiene predisposición hereditaria, y algunos ejemplos de cáncer renal hereditario son:
  • Asociado a la enfermedad de Von Hippel-Lindau: mutación del gen VHL (3p).
  • Asociado a translocación t(3;8), t(3;6) o t(2;3).
  • Cáncer renal papilar hereditario: mutación del gen met (7q).
En general, el adenocarcinoma renal tiene su origen en las células epiteliales del tubo contorneado proximal renal y, por tanto, se inicia en la cortical, con un crecimiento expansivo. En un principio, cuando es pequeño presenta una seudocápsula fibrosa, pero al crecer invade la cápsula renal, la grasa perirrenal, y metastática en los ganglios linfáticos locorregionales, pudiendo incluso formar trombos neoplásicos en la vena renal o en la cava.
Por último, puede producir metástasis a distancia, siendo a veces ésta la primera manifestación de la enfermedad. La localización más frecuente es el pulmón, aunque también con menor preferencia, pueden encontrarse metástasis del cáncer renal en hígado, esqueleto y cerebro, entre otros.
Sintomatología
Los signos y síntomas clásicos de presentación del cáncer de riñón son la hematuria, el dolor lumbar y la existencia de una masa palpable renal. Pero esto solo ocurre en el 10-15% de los pacientes, y generalmente indica ya enfermedad avanzada.
La hematuria es el síntoma más frecuente, siendo espontánea y generalmente indolora, si bien en caso de ser muy abundante puede provocar crisis de cólico renal por la presencia de coágulos intraureterales. Otros síntomas pueden ser disminución de apetito y peso, cansancio generalizado, etc.
A veces, como presentación inicial encontramos síntomas derivados de la existencia ya de enfermedad metastásica, como son la disuria, la tos, el dolor óseo, pudiendo ser el síntoma inicial en hasta el 30% de los enfermos.
Por otra parte, este cáncer puede incrementar la secreción de algunas hormonas producidas por el riñón, y causar los llamados síndromes paraneoplásicos. Algunos de ellos son:
  • Hipercalcemia por hiperparatiroidismo ectópico (aumento de PTH).
  • Policitemia (aumento de glóbulos rojos) por aumento de la secreción de eritropoyetina.
  • Hipertensión arterial por liberación de renina o compresión de la arteria renal.
  • Síndrome de Cushing por secreción ectópica de ACTH.
  • Galactorrea por liberación ectópica de prolactina.
  • Ginecomastia por secreción ectópica de gonadotropina.
Pero el síndrome paraneoplásico más frecuente es la afección hepática (síndrome de Stanffer), con ictericia, hepatoesplenomegalia (aumento de bazo e hígado), fosfatasa alcalina elevada, hipoprotrombinemia y elevación de alfa2globulina y haptoglobina, cuadro que se presenta en el 15% de los pacientes.
No obstante, en la actualidad, alrededor del 40% del cáncer de riñón se diagnostican incidentalmente al efectuar una ecografía abdominal. Estos casos presentan en general una mejor supervivencia (85% a los 5 años) por tratarse de tumores de pequeño volumen y, por tanto, de bajo estadio.
Diagnóstico
Lo primero es realizar una adecuada anamnesis clínica, que incluya todos los aparatos del organismo, pero primordialmente se preguntará sobre síntomas relacionados con el aparato genitourinario (presencia de sangre en la orina, dolor lumbar, escozor al orinar, etc.). También es muy importante constatar la existencia de síntomas generales como adelgazamiento, falta de apetito, y cansancio extremo generalizado, etc.
Posteriormente se hará una exploración completa que puede detectar entre otros signos, la presencia de una masa abdominal, o la existencia de un varicocele que no disminuye con al tumbarse.
Seguidamente se extrae al paciente una analítica de sangre, que puede mostrar anemia, y se recogerá un sedimento y citología de orina, donde es posible detectar exceso de hematíes ( hematuria) y a veces células cancerosas.
Entre las pruebas de imagen recomendables, normalmente se comienza con la realización de una ecografía abdominal, que es un método sencillo, rápido y no costoso. Esta permite fácilmente diferenciar las masas quísticas ( quistes simples, que no necesitan mayor intervención), de la presencia de los denominados "quistes complicados".
Ante la existencia de esto último, suele requerirse la realización de un TAC abdominal con contraste, que es el mejor método aislado para evaluar una masa renal, aportando información precisa sobre la afectación regional y la posible existencia de metástasis .
En casos excepcionales, puede ser necesario practicar una punción-aspiración con aguja fina de la imagen radiológica, permitiendo esto analizar las células extraídas, y determinar si son benignas o malignas.
La arteriografía, muy utilizada anteriormente para el diagnóstico de los tumores renales, es hoy en día excepcional. Se recurre a ella básicamente cuando se plantea una cirugía conservadora.
También la cavografía, utilizada para precisar la existencia y la extensión de la trombosis neoplásica, ha sido prácticamente sustituida por la resonancia magnética.
La ecografía doppler renal es útil para el diagnóstico diferencial entre un patrón tumoral hipovascularizado (con escasa existencia de vasos sanguíneos), o hipervascularizado (presencia de muchos vasos sanguíneos), permitiendo también evaluar la extensión del compromiso vascular (afectación de vena renal o no).
Por otra parte, el estudio de extensión tumoral se inicia ya con la realización de la ecografía y TAC abdominal, que permite definir el volumen y localización del tumor primitivo, y también evaluar la existencia de posibles metástasis abdominales o la presencia de afectación de ganglios.
La radiografía de tórax, la TAC torácica o la gammagrafía ósea son estudios complementarios también necesarios en ocasiones, que permiten ver la presencia de posibles masas pulmonares o la existencia de lesiones óseas metastásicas.
Finalmente, según la localización y la invasión local o general, se establecen diferentes estadios del cáncer de riñón, con valor pronóstico y terapéutico distinto. Una de las clasificaciones más frecuentemente utilizada es la de Robson (1969), que establece:
  • Estadio I: tumor confinado al riñón.
  • Estadio II: extensión a grasa perirrenal.
  • Estadio III: extensión a vena renal o cava (IIIa), y a ganglios linfáticos regionales (IIIb), o ambas (IIIc).
  • Estadio IV: metástasis a distancia o invasión de los órganos adyacentes.
Tratamiento
Una correcta etapificación permite tomar una conducta terapéutica determinada y establecer un pronóstico.
En la actualidad, el único tratamiento curativo del carcinoma renal es la cirugía, pudiéndose extraer solo el tumor ( nefrectomía parcial), o todo el riñón afecto ( nefrectomía radical), según cada caso clínico. La extirpación de los ganglios linfáticos locorregionales o de la glándula suprarrenal de ese lado, también deberá plantearse de forma individualizada.
El descubrimiento incidental del carcinoma renal al realizar ecografías abdominales permite descubrir generalmente tumores de pequeño tamaño y frente a los cuales cabe aplicar los criterios de cirugía conservadora (nefrectomía parcial).
La nefrectomía radical como tratamiento paliativo esta indicada en cuadros de dolor intratable, hematuria persistente y en los casos de síndrome paraneoplásico, o como medida previa a la inmunoterapia.
La radioterapia es totalmente inefectiva, empleándose en algunos casos solo como tratamiento paliativo, para mitigar algunos de los síntomas referidos anteriormente.
La quimioterapia sistémica es también muy poco efectiva, puesto que el cáncer renal es un tumor resistente a los fármacos citotóxicos.
Otras alternativas terapéuticas en el cáncer de riñón metastásico es la inmunoterapia, aunque los resultados tampoco son muy alentadores, y la embolización percutánea de la arteria renal, que también puede ser usada como tratamiento paliativo en algunos casos de enfermedad metastásica.
Medidas preventivas
Se recomienda dejar el consumo de cigarrillos, y evitar la exposición a los carcinógenos ambientales (cadmio, asbesto), así como seguir las recomendaciones dadas por su médico acerca de las distintas enfermedades del riñón, con el fin de evitar la necesidad de diálisis en un futuro.
Igualmente es recomendable practicar una dieta equilibrada, baja en grasas, y evitar la obesidad.

22 de agosto de 2009

Cancer de Pulmon

Posted by Orlando Quevedo On 7:49 Sin Comentarios

¿Qué es?
Un tumor supone un crecimiento anormal de ciertas células que forman parte de un tejido u órgano. Dentro de los tumores, distinguimos aquellos que resultan en general indolentes, sin empeorar el pronóstico y se denominan benignos y, aquellos de crecimiento más incontrolado y agresivo, lo que empeora el pronóstico del paciente y se denominan malignos. Éstos últimos son el sustrato del gran síndrome que conocemos como cáncer.
El cáncer de laringe supone un tipo de tumor maligno que afecta a las células de la laringe, que es la estructura donde residen las cuerdas vocales y comunica con la faringe por encima y con la tráquea por debajo.
El cáncer de laringe es frecuente en la Europa mediterránea, donde representa el 3% de los cánceres en el varón y el 0,2% en las mujeres. Es el más frecuente dentro de los tumores de cabeza y cuello, representando de un 30-40% de éstos.
Es un tipo de cáncer frecuente en el varón entre los 45 y 70 años, presentando su máxima incidencia alrededor de los 60 años de edad.
Generalmente el estudio microscópico de las células suelen corresponder al tipo carcinoma epidermoide (90%).
¿Cómo se produce?
El tabaco es el agente cancerígeno esencial, relacionándose con diversos factores como la quemadura crónica, el efecto irritativo local o las alteraciones sobre la red vascular.
El otro agente cancerígeno importante es el alcohol.
Así los dos factores favorecedores del cáncer de laringe más relevantes son el tabaco y el alcohol, especialmente si van asociados.
La desproporción de casos entre hombres y mujeres, se ha atribuido al mayor consumo de tabaco y alcohol por los varones. Sin embargo, hoy día fuman más las mujeres que los hombres y no se ha demostrado, por el momento, un aumento sustancial de este tipo de cáncer en las mujeres.
Otros factores que pueden estar involucrados en la aparición de este cáncer, aunque son difíciles de demostrar y que pueden ser discutidos, son el contacto con diversos productos químicos derivados en muchas ocasiones de la exposición en el centro de trabajo (principalmente en la industria textil y química), factores genéticos, algunos virus (el Papilomavirus o el virus del herpes) como posible agentes potenciadores de tumores, las carencias vitamínicas o el reflujo gastroesofágico.
Se piensa que el consumo adecuado de frutas ricas en vitaminas podría actuar como protector, aunque es más debatido.
El cáncer de laringe se clasifica según la localización del tumor dentro de la laringe en:
Tumores de localización supraglótica, es decir por encima de la glotis que es donde se encuentran las cuerdas vocales
Tumores de localización glótica.
Tumores de localización subglótica, por debajo de la glotis.
Existe otra clasificación por estadios (TNM) que depende del tamaño del tumor, de las adenopatías o ganglios que afecta, y de las metástasis o extensión a otros órganos como pulmón o hígado.
Sintomatología
Los signos clínicos que pueden hacer sospechar un cáncer de laringe son las alteraciones de voz (disfonía), alteraciones en la deglución (disfagía) y las dificultades al respirar (disnea). La sintomatología va a depender de la localización en la que se desarrolla el tumor.
En el caso de los tumores supraglóticos, más frecuentes en países latinos, los síntomas son muy inespecíficos y en general de aparición más tardía. Puede comenzar con sensación de hormigueo y molestias leves con picores, sensación de tener algo en la garganta constantemente, tos irritativa o disfagia.
Los tumores glóticos afectan fundamentalmente a la voz o disfonía. Es un síntoma de aparición precoz, lo que permite un diagnóstico en estadios iniciales.
Los tumores subglóticos suelen debutar con dificultades en la respiración o disnea. Los síntomas tardan en aparecer lo que hace que el diagnóstico pueda ser en estadio avanzados.
Las extensiones del tumor entre las tres zonas de la laringe hace que muchas veces los síntomas puedan estar mezclados.
En el caso de que el tumor se extienda a la parte inferior de la faringe (la garganta) puede haber dificultad para tragar alimentos o incluso dolor al tragar (odinofagia).
Las dificultades para respirar, por la posible oclusión de las vías aéreas por el tumor, pueden aparecer tanto por localización como por tamaño.
Puede afectar a los ganglios linfáticos o adenopatías del cuello, especialmente en el caso de los tumores supraglóticos. Aparecen como masas en la zona del cuello. La aparición de estos ganglios afecta al tratamiento y al pronóstico.
La incidencia de la afectación de otros órganos, como pulmón, hueso o hígado, es difícil de establecer, aunque es muy baja.
Diagnóstico
El diagnóstico comienza con un exhaustivo interrogatorio de los síntomas y de los factores de riesgo asociados que presente el paciente, así como una correcta exploración física, donde puede ponerse de manifiesto un aumento del volumen cervical por ganglios aumentados.
La exploración de la laringe se puede realizar mediante laringoscopia con espejillo, endoscopios rígidos con angulaciones de 70º ó 90º o nasofibroendoscopio flexible.
Ante la existencia de lesiones sospechosas es obligatorio tomar una biopsia, con anestesia local o con anestesia general si es necesario, para estudiar al microscopio las células de la lesión y poder realizar un diagnóstico exacto.
Las pruebas de imagen como el TC (escáner) o Resonancia nuclear magnética son de gran importancia para valorar la extensión del tumor y tomar la decisión de tratamiento.
Tratamiento
El tratamiento y el pronóstico del cáncer de laringe dependen del estadio evolutivo en el que se encuentre. Las metástasis regionales (adenopatías) o a distancia (otros órganos) ensombrecen el pronóstico.
Las modalidades de tratamiento curativo en la actualidad son la cirugía, la radioterapia y la asociación de ambas.
Existe otra arma terapeútica, la quimioterapia, que puede ser de gran utilidad en determinados tumores para ayudar en el tratamiento curativo. También se utiliza como tratamiento paliativo en tumores que no pueden ser tratados con cirugía y/o radioterapia.
La cirugía pretende extirpar el tumor y zonas contiguas susceptibles de estar afectadas. En muchos casos se realiza, en un mismo tiempo quirúrgico, el vaciamiento de los ganglios del cuello.
La técnica quirúrgica dependerá del tamaño y localización del tumor. Se pueden realizar técnicas funcionales, mediante cirugía por vía externa o mediante cirugía endoscópica con láser (según las características del tumor), conservando las funciones laríngeas, pero en otras ocasiones es necesario realizar técnicas radicales en las que no se conservan las funciones laríngeas quedando un traqueostoma permanente (abertura en la garganta) por donde deberá respirar el paciente.
La radioterapia puede ser curativa en algunos tumores. Se puede utilizar como tratamiento único o asociado a cirugía y/o quimioterapia.
La decisión del tipo de tratamiento está en función de la localización y estadio del tumor.
Medidas preventivas
En general las medidas preventivas van dirigidas a abandonar definitivamente el hábito tabáquico y el alcohol de una forma inflexible, ya que son lo principales factores de riesgo de padecer cáncer de laringe.
La alimentación rica en vitaminas, con frutas y vegetales parece tener un efecto beneficioso para evitar la aparición de este tumor.

29 de julio de 2009

Tumores Hepáticos

Posted by Orlando Quevedo On 21:31 Sin Comentarios


¿Qué es?
Un tumor supone un crecimiento anormal de ciertas células que forman parte de un tejido u órgano. Como en todos los tumores, existen aquellos que resultan en general indolentes, sin empeorar el pronóstico y por ello se denominan como benignos y, por el contrario, existen también otros tumores de crecimiento más incontrolado y más agresivo, lo que empeora el pronóstico del paciente y por tanto se denominan como malignos. Éstos últimos son el sustrato del gran síndrome que denominamos cáncer.
Los tumores hepáticos son aquellos que se originan a partir de las células del hígado o las vías de la bilis. Como en todos los tumores habrá aquellos más benignos y otros malignos. Los primeros en general son más frecuentes en las mujeres, no suelen dar síntomas y se diagnostican de forma más o menos casual, aunque algunos tipos de ellos que afectan a las vías biliares pueden formar parte de complejos síndromes (como los síndromes de Mirizzi y Caroli). Entre los benignos destacan los adenomas de hígado, la hiperplasia nodular focal, los hemangiomas y los quistes del colédoco. Todos ellos comparten un buen pronóstico y generalmente no requieren tratamiento con cirugía.
Dentro de los tumores malignos destacan aquellos que afectan al propio hígado y los que afectan a las vías biliares. Entre estos segundos el más característico es el colangiocarcinoma, con un pronóstico en general muy pobre y requiriendo complejas cirugías. Entre los que afectan al propio hígado el más frecuente es el tumor procedente de otro lugar del cuerpo, es decir, derivado de la metástasis de otro tumor, principalmente de otro órgano del aparato digestivo, aunque también procedente de un melanoma, cáncer de mama, próstata, tiroides ,pulmón, linfomas. Por otro lado existe un tipo de tumor maligno cuyo origen son las propias células del hígado, el hepatocarcinoma o carcinoma hepatocelular. Es un tumor cuya incidencia es más frecuente en varones y entre los 40 y 60 años. El pronóstico es en general malo, debido a que suele presentar síntomas cuando se diagnostica, con una supervivencia media de 6 meses sin tratamiento. En este capítulo nos referiremos principalmente a él.
¿Cómo se produce?
El cáncer de hígado o hepatocarcinoma puede aparecer por muchas causas. Se ha relacionado directamente con la cirrosis, especialmente cuando aparece ligado a hepatitis crónica. La infección por el virus de la hepatitis B y C también pueden ser causas directas de este tipo de cáncer además de favorecer la hepatopatía crónica y la cirrosis. Algunas enfermedades hereditarias como la hemocromatosis (caracterizado por acúmulo de hierro en los tejidos, principalmente en el hígado) puede actuar como agente causal del hepatocarcinoma, así como otros trastornos hereditarios del metabolismo como glucogenosis tipo Y, porfirias, déficit de alfa1-antitripsina o incluso la enfermedad de Wilson. El alcohol es un factor muy determinante, especialmente porque es una causa frecuente de cirrosis.
La génesis del cáncer de hígado es común a todos los tumores malignos. Una célula recibe un estímulo favorecido por los factores ya mencionados, de modo que se produce una mutación de la célula convirtiéndola en maligna, lo que significa que pierde el control sobre su reproducción pasando a dividirse eternamente, creciendo dentro del hígado, lo cual ocasionará una afectación en la función de éste. En ocasiones las células tumorales podrán diseminarse a través de la sangre por todo el organismo.
El cáncer de vías biliares o colangiocarcinoma puede presentar múltiples causas, la mayoría relacionadas con afectaciones de la vía biliar congénitas o adquiridas durante la vida como atresia biliar o la colangitis esclerosante. En ocasiones infecciones por parásitos favorecen su desarrollo como es el caso del Clonorchis sinensis, a veces el agente causal es un tóxico como el dióxido de torio. La colitis ulcerosa puede actuar como factor de riesgo de colangiocarcinoma.
Los anticonceptivos orales presentan una clara relación con un tumor benigno llamado adenoma hepatocelular.
Sintomatología
En general los síntomas son bastante inespecíficos, puede mostrarse desde asintomático hasta algunos síntomas como dolor en al abdomen, especialmente en el cuadrante superior derecho, aumento del volumen abdominal, pérdida de peso y del apetito, cansancio, y , a veces diarrea.
Otros síntomas van a ir derivados de la incapacidad del hígado para realizar sus funciones como es la tendencia a presentar infecciones, la hinchazón de piernas, y alteraciones del sistema nervioso por toxicidad de ciertas sustancias no depuradas por el hígado (encefalopatía hepática). Otras veces existirán síntomas de cirrosis como hemorragias digestivas, ascitis o acumulación de líquido en el espacio peritoneal del abdomen, o bien la peritonitis bacteriana espontánea que consiste en una infección del liquido de la ascitis, ocasionando dolor abdominal y fiebre.
En ocasiones puede aparecer un tinte amarillento de la piel y el blanco de los ojos por acúmulo de la bilirrubina de la bilis. Esto ocurre especialmente en aquellos casos de tumor de las vías biliares, dado que existirá una obstrucción al paso de la bilis desde el hígado hasta el intestino.
En el examen físico podremos detectar un hígado agrandado, en ocasiones con una masa palpable y dolorosa.
Diagnóstico
En los datos de la analítica se podrán ver alteraciones del calcio, de la glucosa, aumento de la bilirrubina, y de las enzimas hepáticas (transaminasas). Sin embargo hasta en el 80% de los casos se detecta la alfafetoproteína elevada, aunque esto no siempre indica tumor.
En general el diagnóstico de presunción debe incluir una prueba de imagen como una ecografía, un TC abdominal (scanner) simple o bien helicoidal con contraste en la arteria, Resonancia magnética o, incluso, en ocasiones la angiografía , que consiste en introducir un liquido con contraste dentro de la arteria hepática de forma que se dibuja todo el árbol vascular del hígado.
Sin embargo, el diagnóstico de certeza del cáncer de hígado lo dará el estudio de una muestra del tumor al microscopio y la demostración de células malignas en su interior. La forma de obtener la muestra suele ser por biopsia mediante cirugía o bien mediante aspiración por una aguja muy fina (PAAF).
Para demostrar un cáncer de la vía biliar las pruebas de imagen descritas previamente pueden ser necesarias, aunque se necesitará ver además el estado de la vía biliar mediante la inserción de contraste en su interior (colangiografía).
Tratamiento
El tratamiento curativo del cáncer del hígado es únicamente la extirpación de la masa tumoral por cirugía. Sin embargo, por desgracia en muchas ocasiones cuando se detecta la enfermedad el tumor está diseminado a otras localizaciones, lo que supone que el tumor no pueda ser extirpado, y por lo tanto el pronóstico sea muy pobre. Así mismo, en muchas ocasiones, la cirrosis, que ha actuado como factor de riesgo para el desarrollo del tumor, da lugar a un deterioro tal del la función hepática que el riesgo de una operación sea excesivo. Como en todas las operaciones quirúrigicas, la indicación de la realización de una operación quirúrgica debe ser siempre individualizada a las características del paciente. En ocasiones, en tumores hepáticos menores de 3 cm se realiza la instilación de alcohol en el propio tumor ocasionando la destrucción del mismo. Este procedimiento puede ser útil en tumores pequeños sobre un hígado con cirrosis avanzada que contraindique la cirugía. En tumores diseminados no presenta mejoría del pronóstico este procedimiento. El trasplante hepático puede ser útil en casos en los que no haya evidencia de metástasis, la función de hígado no esté severamente afectada y no cumpla criterios para la cirugía. Otros tratamientos con embolización de la arteria hepática con quimioterapia son solo tratamientos paliativos para tumores avanzados, en los que se busque disminuir el tamaño del tumor, aunque no lo cure. Otros tratamientos usados incluyen la ligadura de la arteria hepática, la inmunoterapia.... La quimioterapia y radioterapia no tienen buen resultado. En general el pronóstico del hepatocarcinoma es muy malo, dado que sólo del 10 al 20% de los carcinomas hepatocelulares se pueden extirpar completamente con la cirugía y, en el caso de no poderse extirpar del todo, la enfermedad generalmente es mortal en un período de 3 a 6 meses, aunque esto es altamente variable. Ocasionalmente, se presentan casos de supervivencia más allá de este período.
En el caso de tumores de la vía biliar el tratamiento curativo sólo es la cirugía, aunque en casos avanzados no se podrán realizar. La quimioterapia y radioterapia pueden tener algún valor pero en el tratamiento para paliar los síntomas.
Las metástasis de otros tumores en el hígado habitualmente no requerirán tratamiento, pues son productos de la diseminación de otro tumor que es en sí el que va a determinar el pronóstico del paciente. No obstante en algunos casos en los que el tumor en el hígado sea único, pequeño, y produzca muchos síntomas podrá ser extirpado.
Medidas preventivas
En general evitar el alcohol, y los factores de transmisión de los virus de la hepatitis B y C, así como la detección precoz de trastornos hereditarios del metabolismo pueden actuar como medidas preventivas.


Orlando Quevedo

27 de junio de 2009

Adenoma hipofisiario

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Qué es
Los adenomas hipofisarios son un tipo de tumor que se origina en una glándula situada sobre la base del cráneo, denominada hipófisis. Los adenomas hipofisarios suponen un 10% de los tumores intracraneales, y suponen la causa más frecuente de síndromes de aumento o disminución de secreción de hormonas hipofisarias. Así los adenomas hipofisarios pueden producir síntomas derivados de su crecimiento o bien del exceso de secreción de sus hormonas.
La prevalencia de los adenomas hipofisarios es de doscientos por millón de habitantes, con una incidencia de quince pacientes nuevos por millón de habitantes y por año, aunque sólo uno de cada mil tumores de hipófisis, se manifiesta clínicamente. Los adenomas hipofisarios se pueden manifestar a cualquier edad, aunque suele situarse entre los 40 y los 50 años.
Cómo se produce
Los adenomas se diferencian por su tamaño en lo que denominamos Microadenomas (de menos de 10 mm) o bien Macroadenomas cuando son mayores. Otra clasificación de los adenomas hace referencia a sus características invasivas. Así se pueden diferenciar cuatro tipos en función de su mayor actividad invasiva: intrapofisarios, intraselar, difuso e invasor.
Sin embargo los adenomas hipofisarios son generalmente tumores benignos ocasionados por uno de los cinco tipos de células secretoras hormonales de la parte anterior de la hipófisis (células productoras de GH, prolactina, TSH, ACTH y las gonadotropinas LH y FSH). Así, la forma más común de caracterizar al adenoma hipofisario, hace referencia al tipo de hormona u hormonas que predominantemente secrete en exceso. De esta forma se encuentran como los más frecuentes el prolactinoma, que secreta principalmente prolactina, se sigue con el adenoma productor de GH (hormona del crecimiento), el productor de ACTH (hormona estimulante de los corticoesteroides), los adenomas productores de hormonas sexuales o gonadotropinas, y el productor de TSH (hormona estimulante del tiroides).
Hasta un 15% de los adenomas producen una combinación de hormonas, frecuentemente la de GH y Prolactina.
En general los adenomas con actividad hormonal suelen secretar las hormonas comentadas de una forma autónoma, si estar sujetas a ningún tipo de inhibición fisiológica. Aunque existen diferentes tamaños éste no tiene porqué correlacionarse con la mayor o menor actividad hormonal. Sin embargo hasta un tercio de los adenomas hipofisarios no son secretores de otras hormonas.
El mecanismo por el que se origina un adenoma suele ser a partir de una mutación de una célula que crece de forma incontrolada con respecto a sus vecinas. Esto ocasiona a la larga una masa de mayor tamaño que bien podrá o no secretar hormonas, o bien su crecimiento ocasionará un conflicto de espacio dentro del cráneo con otras estructuras nerviosas, ocasionando síntomas por compresión.
Sintomatología
Las manifestaciones clínicas del adenoma hipofisario van a depender de dos aspectos principales: de la secreción de hormonas adenohipofisarias, y de los síntomas derivados de su crecimiento. En el primer lugar los tumores hipofisarios presentarán los síntomas derivados de la hormona u hormonas que secrete predominantemente. Así en el caso del prolactinoma podrá existir secreción de leche y trastornos del sistema sexual como el hipogonadismo. En el caso de hipersecreción de GH existirá un gigantismo y síntomas derivados de la acromegalia. El exceso de secreción de ACTH condicionará un síndrome de Cushing, y la secreción de TSH un hipertiroidismo. En el caso de existir una secreción conjunta de dos hormonas, las manifestaciones clínicas aparecerán según la combinación de hormonas hipersecretadas.
Las manifestaciones clínicas derivadas del crecimiento del tumor en un lugar tan reducido como la base del cráneo, van a surgir por compresión de estructuras vecinas. De esta forma, cuando el adenoma crece en dirección ascendente comprime el quiasma óptico, es decir la conjunción de los nervios ópticos que transportan los impulsos nerviosos desde la retina. Así podrán existir síntomas característicos como pérdida de visión en las regiones más laterales de la visión. Al mismo tiempo, si el crecimiento del adenoma se realiza predominantemente por los laterales se podrá comprimir los senos cavernosos, y los nervios de los pares craneales III, IV, y V. Así podrán aparecer síntomas como caída del párpado, parálisis de los movimientos oculares, y dolor con sensación de hormigueo en la cara. Si, por otro lado, el crecimiento del adenoma afecta al hipotálamo, podrán evidenciarse síntomas como exceso de ingesta de comida, trastornos del control de la temperatura corporal, y diabetes insípida entre otros.
En los macroadenomas puede existir además dolor de cabeza. En los casos de infarto hemorrágico del adenoma se produce lo denominado como Apoplejía hipofisaria que supone una urgencia médica y precisa de intervención quirúrgica urgente. Se manifiesta como dolor de cabeza, vómitos, trastornos de las pupilas y la motilidad de los ojos, empeoramiento del nivel de conciencia e incluso coma.
Diagnóstico
El diagnóstico comienza mediante la presunción diagnóstica a través de un exhaustivo interrogatorio médico y una correcta exploración física. A continuación serán de una valiosa ayuda las determinaciones analíticas de sangre y orina. Así se deberán realizar los análisis pertinentes para tipificar el adenoma en lo que se refiere a su exceso de secreción hormonal. Por ello un análisis básico con hemograma, función renal y hepática, así como iones puede ser de utilidad para detectar la consecuencia de diferentes excesos hormonales. Al mismo tiempo la determinación de TSH, GH, Prolactina, y ACTH suele ayudar, al mismo tiempo que la determinación de otras hormonas que pueden encontrarse elevadas por estimulación de las primeras mencionadas, entre ellas destacan, las IGF-I, el cortisol y las hormonas tiroideas entre otros.
Además del estudio analítico básico y el endocrinológico, conviene realizar pruebas de imagen para localizar y precisar la extensión del adenoma y la posible afectación de estructuras vecinas. La técnica más rentable suele ser la Resonancia magnética nuclear (RMN), aunque también puede emplearse la Tomografía computerizada (TC ó escáner), y la radiografía de la silla turca. También puede emplearse la angiografía para descartar un aneurisma carotídeo que puede asemejarse a un adenoma hipofisario. También se puede realizar una gammagrafía con octeótrido marcado (Octreoscan), que nos localiza el tumor y puede servir para indicar una posible respuesta positiva al tratamiento con análogos de somatostatinas.
Tratamiento
El tratamiento suele perseguir la eliminación del tumor, el tratamiento del exceso de secreción hormonal y evitar las recurrencias. Esto se puede realizar mediante tres modalidades terapéuticas: tratamiento médico, la intervención quirúrgica y la radioterapia.
El tratamiento quirúrgico suele realizarse a través de la nariz, y supone una técnica bastante segura. En el caso de adenomas pequeños (Microadenomas) tiene alta tasa de curación, mientras que en los macroadenomas (más frecuentes) el éxito curativo total es de un 40-50%. Los resultados tras la cirugía suelen ser muy rápidos, aunque pueden recidivar en los años subsiguientes. La principal desventaja es que al extirpar parte de la hipófisis, pueden presentar posteriormente un déficit de una o varias hormonas hipofisarias desarrollando un hipopituitarismo. Otras posibles complicaciones pueden ser rinorrea de líquido cefalorraquídeo, pérdida de visión, meningitis o diabetes insípida, aunque no suelen ser frecuentes.
La radioterapia suele ser eficaz para frenar el crecimiento de un adenoma, aunque sus resultados suelen tardar tiempo y no se suele conseguir un control de los síntomas de forma rápida. Se puede usar como adyuvante tras la cirugía.
El tratamiento médico suele realizarse según sea la hormona hipersecretora predominante. En el caso de prolactinomas suelen ser de elección los agonistas dopaminérgicos como la bromocriptina. Por otro lado en el caso del exceso de secreción de hormona del crecimiento (GH) son de elección los análogos de la somatostatina como el Octeótride. También puede ser útil para el exceso de TSH.
Medidas preventivas
Ante síntomas de hipersecreción hormonal debe acudirse al médico para realizar un correcto examen.

24 de junio de 2009

Cáncer de estómago

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¿Qué es?
Hay diferentes tipos de cáncer que pueden ocurrir en el estomago, y el más común es el adenocarcinoma gástrico. Esta tumoración maligna representa aproximadamente el 90-95% de todas las neoplasias malignas primarias del estómago. Además es la segunda neoplasia maligna del aparato digestivo en cuanto a frecuencia y la primera en lo que respecta a mortalidad.
Pero también existen otras neoplasias del estomago, como son el linfoma gástrico, el tumor carcinoide, los leiomiosarcomas, etc.
En general, es infrecuente antes de los 40 años, siendo el pico de máxima incidencia en la séptima década de la vida. Es más frecuente en los hombres que en las mujeres.
La distribución del cáncer gástrico es muy variable entre los diferentes países, registrándose una mayor incidencia en países como Chile, China, Japón y Colombia.
Si analizamos las lesiones cancerosas gástricas al microscopio, estas pueden dividirse en dos tipos:
Intestinal: con localización preferente en la región del estomago más cercana del intestino. Sus células están mejor diferenciadas, y también tiene mejor pronóstico.
Difuso: peor diferenciado e infiltran más, pudiéndose localizar en cualquier región del estomago.
¿Cómo se produce?
Diversos estudios apoyan la relación entre una alta incidencia de cáncer gástrico y una dieta con elevado consumo de sal, ahumados, salazones y embutidos, y pobre en frutas frescas y verduras, con poco aporte de vitaminas A, C y E y micronutrientes.
También se ha relacionado el cáncer gástrico con la concentración de nitritos en la dieta y en el agua de consumo, y con la exposición a radiaciones.
La hipoacidez gástrica y la contaminación bacteriana de los alimentos de baja calidad, consumidos por las capas más pobres de la población, también favorecen la aparición de cáncer de estómago, y es por ello que es más frecuente en clases socioeconómicas bajas. En este sentido, la refrigeración y la mejor preservación de los alimentos parecen disminuir el riesgo de cáncer gástrico.
Otros factores ambientales como el consumo de alcohol y tabaco, así como el empleo de aditivos y conservantes de los alimentos, también han sido relacionados con el desarrollo de cáncer gástrico, aunque no hay evidencias definitivas. Tampoco se ha demostrado asociación entre la aparición de adenocarcinoma de estómago y el tratamiento crónico con inhibidores de la bomba de protones.
Diversos estudios establecen una relación entre la infección por Helicobacter pylori y el desarrollo posterior de cáncer gástrico, sobre todo de tipo intestinal y localización antral. Generalmente el riesgo relativo de desarrollar cáncer entre los sujetos infectados por el Helicobacter es de tres a seis veces superior con respecto a las personas no infectadas.
Igualmente en el cáncer de estómago se ha observado una cierta agregación familiar, y en los últimos años se han comunicado alteraciones genéticas en algunos casos de adenocarcinoma gástrico. También se ha descrito una mayor frecuencia de este tumor en personas con grupo sanguíneo A y con familiares con este tipo de cáncer.
Por otra parte, están descritas algunas enfermedades o trastornos precursores de este tipo de tumor maligno, como son:
La gastritis crónica atrófica con metaplasia intestinal.
La anemia perniciosa.
La gastrectomía distal.
La enfermedad de Ménetrier.
La hipo y aclorhidria (disminución o ausencia de ácido gástrico).
Los antecedentes de pólipos gástricos adenomatosos.
Sintomatología
La mayor parte de los casos cursa de modo asintomático hasta que el tumor afecta a la capa muscular del estómago, y pasa a ser un tumor gástrico avanzado, lo que retrasa el diagnóstico y tratamiento.
Los síntomas de inicio son variables, inespecíficos y poco intensos. De entre ellos cabe destacar la sensación de incomodidad en la región epigástrica, que ocasionalmente se presenta como dolor (epigastralgia). Más frecuentemente las molestias son de tipo dispéptico o ulceroso, como saciedad precoz, pesadez después de comer, distensión abdominal, sensación de ardor gástrico, náuseas y vómitos.
Otras manifestaciones inespecíficas serían el cansancio generalizado, la perdida de peso y apetito, y a veces el sentir repugnancia para la carne.
A veces, también se presenta como dificultad en tragar, halitosis o vómitos de retención, o incluso mediante un episodio de hemorragia digestiva alta.
En ocasiones, la clínica inicial del paciente se debe no ya al propio tumor, sino a la presencia de metástasis a distancia: ictericia (color amarillo de la piel), dolores óseos, disnea o dificultad al respirar, alteraciones neurológicas, alteraciones hepáticas, presencia de ascitis maligna (acumulación de líquido abdominal), o existencia de síndromes paraneoplásicos (anemia hemolítica, nefropatía, aparición de lesiones dérmicas, etc.).
Diágnostico
Lo primero es realizar una buena anamnesis clínica, haciendo hincapié sobre todo en la clínica digestiva. Se preguntará sobre las digestiones, la presencia de nauseas o vómitos, o por la existencia de un posible cuadro constitucional (perdida de peso, apetito y cansancio generalizado).
En cuanto a la exploración física, es totalmente normal en el cáncer gástrico superficial. En el cáncer de estómago avanzado es habitual encontrarse con un paciente delgado y pálido. Si el tumor se encuentra muy desarrollado se puede apreciar una masa palpable en la región superior del abdomen (epigastrio) en un tercio de los casos, o se puede palpar adenopatías (ganglios aumentados de tamaño) en la axila o región superior de la clavícula, o palpar hepatomegalia (aumento del tamaño del hígado) tumoral, o descubrir ascitis por afectación del peritoneo. También es posible detectar diversas manifestaciones paraneoplásicas como lesiones dermatológicas o tromboflebitis.
Posteriormente, se solicitarán pruebas de imagen, siendo la exploración fundamental para el diagnóstico del cáncer de estómago la endoscopia, que permite la toma de biopsias y citología. La incorporación de un transductor ultrasonográfico de gran resolución en el extremo de endoscopios diseñados especialmente (endosonografía), permite investigar la profundidad de la infiltración en la pared con gran exactitud.
Las determinaciones analíticas habituales son de muy escasa utilidad en el diagnóstico del cáncer gástrico. La alteración más frecuente es una anemia ferropénica con elevación de la VSG (velocidad de sedimentación globular).
También se puede detectar sangre oculta en el análisis de las heces. Por otra parte, los marcadores tumorales tampoco se han mostrado suficientemente eficaces.
Tras el diagnóstico de cáncer gástrico, se hará el estudio de extensión, el cual es importante para poder conocer el estadio, y orientar sobre el pronóstico individual. Para ello se utiliza el TAC de abdomen, y en algunos casos es incluso necesario recurrir a la laparoscopia que permite evaluar la profundidad en la pared y la presencia de adenopatías metastásicas.
Tratamiento
La resección del tumor y de los ganglios linfáticos afectados es el único tratamiento que se considera curativo hoy en día. Excluidos los pacientes en los que por otras circunstancias esté desaconsejada la operación, o aquellos con enfermedad extendida, debe plantearse la cirugía como primera opción terapéutica a todo paciente.
En algunos casos puede practicarse una cirugía paliativa para evitar la obstrucción o la hemorragia secundaria al tumor.
Dada la frecuente progresión local del tumor, aun en casos de cirugía aparentemente curativa, se han desarrollado múltiples tratamientos adyuvantes como la quimioterapia, la radioterapia o las terapias combinadas.
Los resultados publicados indican que la radioterapia intraoperatoria mejora el control local de la enfermedad, pero no aumenta la supervivencia de los pacientes.
En cuanto a la quimioterapia, se han empleado diversas combinaciones de fármacos, pero los resultados son poco alentadores.
A veces, estas dos terapias adyuvantes anteriores pueden ser usadas únicamente como finalidad paliativa, pudiendo aliviar los síntomas derivados del tumor.
Otra posibilidad de tratamiento, de mayor disponibilidad, es la colocación endoscópica de prótesis plásticas o preferentemente metálicas autoexpandibles, que permiten la alimentación oral en los casos de obstrucción gástrica.
Medidas preventivas
Actualmente no se considera justificado en nuestro medio la realización de cribaje rutinario de este tipo de tumor.
Las posibilidades de prevención implica intervenciones de reducir la sal en la dieta, aumentar la toma de frutas frescas y verduras, asegurar la calidad del agua de consumo y mejorar los sistemas de conservación de alimentos por el frío. Igualmente se recomienda evitar los ahumados y salazones.

21 de junio de 2009

Leucemia mieloide crónica

Posted by Orlando Quevedo On 23:33 6 comments


¿Qué es?
La sangre está formada por múltiples tipos de células (glóbulos rojos o hematíes, glóbulos blancos o leucocitos, y plaquetas). Todas estas células se crean a partir de células inmaduras precursoras (blastos) en la médula ósea. Desde el comienzo del proceso de maduración, se puede observar dos líneas diferentes de maduración: la linfoide, que llevará a la formación de linfocitos (un tipo de glóbulo blanco), y la mieloide, que llevará a la formación del resto de glóbulos blancos, glóbulos rojos y plaquetas.
La leucemia es un tipo de cáncer hematológico que surge de la trasformación maligna de las células de la sangre. Su característica común es un crecimiento descontrolado del número de estas células y posterior acumulación en distintos órganos.
En función del grado de madurez que presenten estas células tumorales podemos diferenciar 2 tipos de leucemias: AGUDAS (formado por células inmaduras, cuya evolución de la enfermedad suele ser rápida), o CRÓNICAS (donde predominan células maduras, presentando una evolución más lenta de la enfermedad).
Así pues, la leucemia mieloide crónica (LMC) es un proceso que consiste en un crecimiento descontrolado de células maduras, en concreto de un tipo de glóbulo blanco denominado neutrófilo o granulocito. Esta enfermedad se caracteriza por dos fases, una inicial más crónica de unos 4 años en la que las células son glóbulos blancos maduros con una función correcta, y una fase de aceleración de curso más agudo en la que las células perderían su madurez existiendo un aumento de células inmaduras tumorales y posterior trasformación a una leucemia aguda, principalmente leucemia mieloide aguda (60%) pero también en ocasiones en una leucemia linfoide aguda (30%). Esta trasformación se denomina como crisis blástica.
La la leucemia mieloide crónica representa el 15% de todas las leucemias. Afecta por igual a los dos sexos y ocurre preferentemente en adultos con una mayor incidencia en la quinta década de la vida. El pronóstico dependerá de factores como la edad (peor cuanto mayor edad), el recuento de glóbulos rojos, blancos y plaquetas, afectación importante del bazo y de la médula ósea, con peor pronóstico. En general la supervivencia con tratamiento suele estar aproximadamente en 4 años, pero en ocasiones puede ser por más largo tiempo.
¿Cómo se produce?
La causa exacta es desconocida, sin embargo se ha demostrado que una anomalía específica en un cromosoma desarrolla la enfermedad. Consiste en una mutación que origina un intercambio del material genético entre dos cromosomas el 9 y el 22, generando un tipo de cromosoma mutado denominado Cromosoma Philadelphia. No se conoce cual es la causa de esta mutación aunque se ha postulado que las radiaciones pueden originarla.
El mecanismo implicado en la aparición de la enfermedad comenzaría tras un estímulo (como las radiaciones) que ocasionaría una mutación en el material genético de una célula de la médula ósea de forma que ésta adquiriría el Cromosoma Philadelphia, lo que daría lugar a un aumento de la reproducción de las células que presentaran este cromosoma frente a las que no la presentaran. Como consecuencia, las células tumorales se expandirían hacia el bazo, el hígado y dentro de la médula ósea (evitando el crecimiento de las otras series medulares, principalmente glóbulos rojos que suelen ser los mas numerosos) durante una primera fase crónica de evolución lenta y progresiva en la que las células involucradas serían característicamente maduras y principalmente neutrófilos (un tipo de glóbulo blanco).
Tras un periodo variable de tiempo alguna de las células malignas sufriría nuevas mutaciones lo que le conferirá una perdida de la capacidad para la maduración ocasionando un acumulo de células inmaduras en la médula ósea, sangre y en otros órganos, originando lo que se denomina como crisis blástica.
Sintomatología
La enfermedad suele presentarse de forma insidiosa y asintomática o con síntomas generales como cansancio, sudoración nocturna, pérdida del apetito y de peso. Estos síntomas son ocasionados por el enorme gasto energético que ocasiona un metabolismo excesivo motivado por el crecimiento descontrolado de células malignas.
Otros síntomas son debidos al acumulo de células tumorales en diferentes tejidos como en la médula ósea, originando síntomas de anemia como cansancio, palidez o taquicardia; y en el bazo y el hígado, con un aumento muy marcado de sus dimensiones que en ocasiones puede manifestarse con síntomas como sensación de saciedad precoz tras las comidas y molestias abdominales. Los ganglios linfáticos no suelen estar aumentados en este caso.
A diferencia de otras leucemias no suele haber tendencia a las infecciones dado que las células malignas son glóbulos blancos maduros y presentan un funcionamiento adecuado. Tampoco existen generalmente síntomas de hemorragia dado que la afectación de la médula ósea es más marcada sobre los glóbulos rojos que con las plaquetas.
Debido al enorme esfuerzo metabólico al que están sometidas la células leucémicas pueden manifestarse síntomas de gota o cólicos renales (dolor renal por cálculos o piedras) por aumento del ácido úrico.
Diagnóstico
Los datos del análisis de sangre suelen revelar un aumento marcado de glóbulos blancos, principalmente los neutrófilos, aunque también pueden estar aumentados otros tipos de leucocitos. Si analizamos los niveles de algunas de las sustancias que típicamente se relacionan con los neutrófilos (como la fosfatasa alcalina granulocítica) estará en este caso muy disminuida o ausente de forma muy característica en esta enfermedad, lo que ayuda a diferenciar este diagnóstico frente a otros posibles. Además estas células serán típicamente maduras en la fase crónica pudiéndose ver células inmaduras en la crisis blástica. Debido al acumulo de glóbulos blancos en la médula ósea, se verá afectada la formación de otras células, los más afectados suelen ser los glóbulos rojos ocasionando una anemia progresiva durante el curso de la enfermedad. Sin embargo la producción de plaquetas se ve menos afectada pudiendo objetivarse un recuento de plaquetas variable, incluso aumentado.
Otras determinaciones en sangre como la LDH, Vitamina B12, y ácido úrico se encuentran aumentados.
El diagnóstico de certeza suele aportarlo el aspirado de médula ósea donde se observa gran cantidad de células maduras de tipo neutrófilo, una proporción de células productoras de glóbulos rojos disminuida y de las plaquetas aumentada.
En el análisis genético de las células tumorales se puede detectar el Cromosoma Philadelphia.
Tratamiento
El tratamiento consiste en varios puntos, en general el único que ha demostrado posibilidad de curación es la combinación de quimioterapia potente (hidroxiurea, busulfan...) junto con radioterapia de todo el cuerpo y posteriormente trasplante de médula ósea de un donante compatible, preferiblemente de un familiar cuyo tipo de tejido sea idéntico. Este tratamiento no se recomienda en pacientes de edad avanzada pues soportan peor los efectos secundarios y tienen mayor riesgo mortal por alguna complicación relacionada con el tratamiento.
Para aquellos casos en que no sea posible la realización de trasplante se puede iniciar tratamiento con inmunoterapia mediante Interferón, aunque tiene peor respuesta. También puede ser necesaria la extirpación quirúrgica del bazo, en caso de síntomas importantes derivados del aumento de su tamaño. Otras veces serán necesarias transfusiones de glóbulos rojos si la anemia es severa.
En general todo el tratamiento comentado está dirigido a la fase crónica. Sin embargo, cuando la crisis blástica se ha puesto en marcha, aunque se suele iniciar el mismo tratamiento, éste es en general insatisfactorio, y en el caso del interferón habrá una respuesta muy pobre.
Medidas preventivas
No hay prevención posible dado que no se conoce la causa de la enfermedad.

Orlando Quevedo

5 de junio de 2009

Linfomas no Hogdkinianos

Posted by Orlando Quevedo On 18:17 Sin Comentarios


¿Qué es?
El sistema linfático es una red de vasos que confluyen en numerosos ganglios y que está encargada de trasportar la linfa. La linfa es un líquido que trasporta, al igual que la sangre, múltiples sustancias, pero una de las características más predominantes es que confluyen en los ganglios linfáticos los cuales son unos órganos diseminados por el organismo cuya función está ligada al proceso de defensa inmunológica del cuerpo, de tal forma que dentro de los ganglios confluyen múltiples tipos de glóbulos blancos (células del sistema inmune).
El linfoma es un tipo de cáncer hematológico que surge de la trasformación maligna de los linfocitos (un tipo de glóbulo blanco muy presente en El sistema linfático es una red de vasos que confluyen en numerosos ganglios y que está encargado de trasportar la linfa. La linfa es un líquido que trasporta, al igual que la sangre, múltiples sustancias, pero una de las características el sistema linfático), lo que da lugar a una reproducción desmesurada de este tipo de células del sistema inmunológico que se manifiesta por un acumulo en los ganglios linfáticos y posteriormente en otros órganos.
El Linfoma NO Hodgkin es un tipo de linfoma caracterizado por un crecimiento anormal de linfocitos malignos en los ganglios linfáticos. Está formado por varios grupos de enfermedades con mecanismos de producción de la enfermedad, y pronóstico diferentes, que van desde linfomas de evolución indolente hasta formas agresivas. Para ello se han diseñado múltiples clasificaciones, sin embargo la más usada es aquella que los divide en función de su agresividad y velocidad de crecimiento. Así nos encontramos desde linfoma de bajo grado (crecimiento lento y menos agresivo), grado intermedio y alto grado (crecimiento rápido y gran agresividad)
Representa entre el 2-4% de todos los cánceres, siendo más frecuente que el linfoma de Hodgkin y predominan en Varones y en general en adultos, aumentando su frecuencia en función de la edad. El pronóstico va a depender del tipo de tumor, de su extensión y de la tolerancia al tratamiento.
¿Cómo se produce?
La causa se desconoce, sin embargo existen ciertos factores que favorecerían la aparición de la enfermedad. Uno de los más característicos involucra a los virus, en concreto se ha demostrado la asociación del virus de Epstein-Barr (el de la mononucleosis infecciosa) con un tipo de linfoma denominado Burkitt, así como otros virus también involucrados como el HTLV-I (un retrovirus de la misma familia que el VIH) que al parecer se relaciona con otro tipo de linfoma denominado leucemia-linfoma de células T del adulto. Algunas bacterias como el Helicobacter Pylori (relacionado con las úlceras del estómago) parecen asociarse con el linfoma asociado a mucosas tipo MALT.
Otros factores pueden ser las radiaciones (como la propia radioterapia) y algunos agentes químicos como los herbicidas. Sin embargo un factor que suele asociarse frecuentemente con este tipo de linfoma son aquellas personas que padecen trastornos de la inmunidad, ya sean congénitos (con los que se nacen) como adquiridos durante la vida, como por ejemplo el SIDA o aquellos ocasionados por fármacos inmunosupresores en pacientes que han recibido un trasplante de un órgano.
El mecanismo de génesis de la enfermedad es desconocido, aunque se postula que algún estímulo tumoral ocasionaría la trasformación de los linfocitos o alguno de sus precursores, en células malignas; lo que daría lugar a una reproducción incontrolada y desmesurada de estas células que además perderían su capacidad para madurar correctamente. Se han demostrado intercambio de material genético (traslocación) en el ADN de las células tumorales, de modo que los genes involucrados son los denominados como oncogenes , es decir genes cuya misión se ve envuelta en el control de la reproducción de las células, en concreto, estos oncogenes en condiciones normales favorecen la división celular, sin embargo suelen tener un control estricto, de tal forma que tras darse el intercambio del material genético (traslocación) la misión de estos oncogenes perderían el control pasando las células a dividirse eternamente.
Sintomatología
La sintomatología y el curso evolutivo de la enfermedad van a depender del tipo de linfoma en muchas ocasiones. En general los síntomas pueden parecerse a los de la enfermedad de Hodgkin, presentando un aumento de los ganglios linfáticos que en ocasiones pueden provocar síntomas por compresión de las estructuras cercanas como la vena cava superior ocasionando hinchazón de la cabeza, brazo y región superior del tórax. El bazo y el hígado pueden estar aumentados de tamaño y siempre indica invasión de esos órganos por células linfomatosas. Otros síntomas generales denominados como síntomas B que aparecen con menor frecuencia que en la Enfermedad de Hodgkin, cuando se encuentran, suelen indicar mayor extensión de la enfermedad y por lo tanto peor pronóstico. Se incluyen fiebre, sudoración por las noches, y pérdida inexplicada de peso de más del 10% en los últimos 6 meses.
Estos tipos de linfoma suelen afectar con mucha mayor frecuencia que la Enfermedad de Hodgkin en áreas fuera del ganglio linfático. Así podremos tener síntomas por afectación del aparato digestivo (dolor abdominal, náuseas, vómitos, incluso obstrucción intestinal y hemorragias digestivas), del sistema nervioso (dolor de cabeza, alteraciones de la fuerza y la sensibilidad, entre otros), del hueso (con dolores óseos), distintos tipos de lesiones en la piel, alteraciones del tiroides, incluso dificultad para tragar por invasión de las amígdalas (anginas) con aumento importante de su tamaño. La médula ósea se afecta en un alto porcentaje de casos, pudiendo aparecer síntomas de anemia (cansancio, palidez, taquicardia), hemorragias por disminución de la producción de plaquetas e infecciones frecuentes por alteración en la producción de glóbulos blancos implicados en la inmunidad del organismo.
El comportamiento de la enfermedad va a depender muy directamente del grado de agresividad del linfoma, así en general, los linfomas de bajo grado se caracterizan por un curso de forma más larvada, con un aumento de los ganglios que crecen lentamente de forma que cuando se diagnostica está normalmente diseminado. Permite una supervivencia más larga sin tratamiento, sin embargo la respuesta a éste es pobre y las recaídas son la norma siendo rara la curación completa. Por otro lado los linfomas de alto grado suelen caracterizarse por un curso más rápido y una mayor agresividad, de forma que el crecimiento de los ganglios es muy veloz, con una rápida capacidad de diseminación y un mal pronóstico a corto plazo sin tratamiento. Por el contrario, la capacidad de respuesta a éste es mayor, pudiéndose conseguir remisiones completas en un porcentaje mayor de casos.
Diagnóstico
En el análisis de sangre puede haber anemia (recuento de glóbulos rojos disminuido), disminución de las plaquetas y niveles variables de los glóbulos blancos, aunque si existe invasión de las células tumorales a la médula ósea podrán observarse disminución marcada de los tres tipos de células, lo cual puede ser demostrado si realizamos un aspirado de médula ósea.
Otras determinaciones del análisis de sangre indicarán aumento de LDH, de la beta 2-microglobulina y de la VSG (velocidad de sedimentación globular), lo que además indica gran cantidad de masa tumoral. Si las células malignas invaden hígado o hueso podremos ver aumentadas las enzimas del hígado (transaminasas) y el calcio en el caso de afectación ósea. Debido a que en esta enfermedad suele existir además alteraciones en la fabricación de anticuerpos, puede detectarse disminución de las gammaglobulinas o, en ocasiones, aumento marcado de éstas por la fabricación de un tipo de anticuerpo alterado de forma exagerada.
Sin embargo el diagnóstico de certeza implicará una biopsia del ganglio y posterior análisis al microscopio. Técnicas más complejas de inmunohistoquímica o citogenética aplicadas sobre la muestra, pueden ayudarnos en la determinación del tipo exacto de linfoma.
Otras pruebas como la radiografía de tórax, el TC (scanner), la ecografía, la resonancia magnética, punción lumbar, la tomografía por emisión de positrones (PET), la linfografía o la gammagrafía con galio pueden ser de ayuda para conocer el grado de extensión de la enfermedad y posibles complicaciones. Sin embargo a veces no se consigue de forma precisa y es necesario realizar una intervención quirúrgica por laparotomía.
Tratamiento
El tratamiento va a depender de dos factores, del tipo de tumor en función de su grado y agresividad, y de la extensión de la enfermedad. Atendiendo a esto, en general, en los linfomas de bajo grado con enfermedad muy localizada a unos grupos concretos de ganglios pueden tratarse mediante extirpación quirúrgica del tumor seguida de radioterapia localizada, aunque en algunas ocasiones requerirá quimioterapia. Si, por el contrario, la enfermedad no está localizada, no existirá tratamiento capaz de curar la enfermedad, por lo que en algunos casos poco sintomáticos y con edad avanzada la actitud puede ser simplemente vigilancia para evitar toxicidades del tratamiento innecesarias, dado que el grado de agresividad es bajo. Sin embargo, en casos más sintomáticos y de menor edad, con peor pronóstico, se puede comenzar con quimioterapia.
Por otro lado, en casos de linfoma de grado intermedio y alto, con enfermedad muy localizada puede emplearse radioterapia localizada, aunque siempre junto a la quimioterapia. Sin embargo, en casos diseminados, más frecuentes, la elección es una quimioterapia potente, que en ocasiones puede requerir trasplante de médula ósea. Las recaídas en este caso suelen ocurrir en los dos primeros años, siendo infrecuente tras 5 años de remisión completa.
Alrededor de un 30% de los adultos con linfoma de grado alto se curan definitivamente.
Otros tratamientos más experimentales incluyen anticuerpos contra proteínas del tumor aunque existe poca experiencia.
Medidas preventivas
No hay prevención posible dado que no se conoce la causa de la enfermedad.


Orlando Quevedo

30 de mayo de 2009

Melanoma

Posted by Orlando Quevedo On 20:19 Sin Comentarios


¿Que es?

El melanoma maligno es un tumor originado en los melanocitos o en las células que componen los lunares o nevos. En términos de incidencia, el melanoma es el tipo de cáncer con más rápido incremento en los Estados Unidos, habiéndose multiplicado por 15 en los últimos 50 años. Es ahora el cáncer más frecuente en mujeres entre 25 y 29 años, y se estima que puede llegar a afectar a 1 entre 75 individuos nacidos en el año 2000. Este aumento tan espectacular ha hecho que se llegue a hablar incluso de la 'epidemia del melanoma'.
Las muertes por melanoma también han amentado de una forma sorprendente, llegando a doblarse en los últimos 35 años. En contraste, en Queensland, Australia, una zona muy soleada del mundo, donde primero se implantaron programas educativos acerca del melanoma, la mortalidad por melanoma ha comenzado a decrecer, a pesar de seguir aumentando su incidencia.


Causas
Aunque no se conozcan con certeza las causas del melanoma, los estudios epidemiológicos sugieren que las exposiciones cortas e intensas a la luz ultravioleta A (UVA) contribuyen al desarrollo del melanoma. Se relaciona, sobre todo, con quemaduras solares o exposición solar intensa intermitente durante la infancia. El uso de fotoprotectores no parece disminuir el riesgo de melanoma y podría incluso aumentarlo. Otros factores predisponentes son el ser rubio o pelirrojo, pecoso, tener más de 50 nevos o del tener nevos atípicos, o el tener antecedentes familiares de melanoma


Aspectos clínicos
El melanoma cutáneo puede aparecer bajo diferentes aspectos. A menudo se desarrollan sobre un nevo preexistente, aunque el porcentaje exacto está aún controvertido. Cuando ello sucede, el nevo sufre cambios de aspecto, tales como aumento de tamaño, cambio de forma o sangrado fácil ante el mínimo traumatismo. Clásicamente, el melanoma precoz se caracteriza por tener colores diferentes, tales como distintas tonalidades de marrón, negro, rojo y azul. El melanoma también puede aparecer como una franja negra o marrón debajo de una uña o como una úlcera cutánea que no cura.
La presentación inicial de un melanoma son la aparición de una nueva lesión pigmentada o los cambios en una preexistente. Una lesión pigmentada que muestra un notable aumento de tamaño en un período de semanas o de meses, o que desarrolla una pigmentación irregular (negro, tonos de marrón, rojo, azul o blanco) debe ser evaluada por un dermatólogo. La regla ABCD del melanoma es una guía útil para determinar qué lunares pueden ser sospechosos de melanoma:
Asimetría: imaginariamente una mitad no coincide con la otra
Bordes irregulares, con entrantes y salientes, y mal definidos
Color. Los nevos normales tienen un color marrón homogéneo. Un nevo que desarrolla distintas tonalidades de color debe ser evaluado.
Diámetro. La mayoría de los melanomas tienen un diámetro superior a 6 mm, pero una lesión sospechosa puede tener tamaño menor.
La consideración más importante cuando se observa un nevo melanocítico es si el nevo ha cambiado en cualquiera de los aspectos de la regla ABCD en un corto período de tiempo.
Los melanomas pueden aparecer en cualquier parte del cuerpo, aunque en los hombres son más frecuentes en el tronco y en las mujeres en las piernas. De entre los melanomas cutáneos más frecuentes, el más común entre los blancos es el melanoma de extensión superficial (60-70%). Se caracteriza por presentar una fase de crecimiento radial antes de entrar en fase de crecimiento vertical. Durante la fase de crecimiento radial, que puede llegar a durar varios años, la capacidad del melanoma de producir metástasis es muy baja o inexistente.


Pronóstico
Ahora es posible predecir con bastante exactitud qué melanomas son curables y cuales no. El espesor del tumor es el principal indicador. (Con la ayuda del microscopio, el espesor se mide desde la superficie de la piel hasta el punto de penetración más profundo del tumor.) Los melanomas extirpados con un espesor inferior a ¾ de milímetro están curados en la casi totalidad de los casos. Sin embargo, el incremento progresivo del grosor del melanoma se correlaciona con un peor pronóstico. Es por ello esencial instruir a los médicos, personal sanitario de distintos campos de la salud, y al público en la medida de lo posible para que sean capaces de reconocer al melanoma precoz (delgado), que puede ser tratado con éxito.
La supervivencia a los 10 años de un melanoma con espesor inferior a 1 mm es del 85-95%. A medida que aumenta el espesor disminuye este porcentaje de supervivencia.


Tratamiento
El único tratamiento aceptado para el melanoma primario es la extirpación, con márgenes de seguridad en función del espesor del melanoma hasta un máximo de 2 cm, si técnica y cosméticamente es posible.
Actualmente, la linfadenectomia regional mediante la técnica del ganglio centinela, parece ser que aumenta el período libre de enfermedad en aquellos casos en los que no existen adenopatías clínicamente evidentes.
El tratamiento adyuvante ( tumor primario extirpado y sin evidencia de enfermedad diseminada) con interferón hasta la fecha ha demostrado un aumento del tiempo libre de enfermedad, pero no aumento de la supervivencia.
En los casos de metástasis de melanoma, siempre que sean aisladas y en localizaciones accesibles, se recomienda su extirpación. La quimioterapia se utiliza para aquellos casos de enfermedad metastásica no susceptible de extirpación quirúrgica. El DTIC es el agente único más activo, con respuestas entre el 12 y el 20%. Los tratamientos con poliquimioterapia o quicio-inmunoterapia no han demostrado mejores resultados que el DTIC sólo.
Para terminar, recordar los dicho por el Dr. Neville Davis: 'El melanoma escribe su mensaje en la piel con su propia tinta, y está allí para que todos lo veamos. Desafortunadamente, algunos lo ven pero no lo comprenden'.


Orlando Quevedo