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20 de noviembre de 2009

Amigdalitis

Posted by Orlando Quevedo On 15:20 Sin Comentarios

¿Qué es?

La amigdalitis aguda es un proceso inflamatorio febril que afecta a las amígdalas palatinas, y que con frecuencia se extiende por el resto de la mucosa de la faringe, por le que muchas veces también es denominada como faringoamigdalitis.

La faringe es un punto de cruce entre las vías respiratoria y digestiva. Se extiende desde la base del cráneo por arriba hasta el esófago por abajo. Se divide en tres partes:

  • Superior o rinofaringe o cavum: por detrás de las fosas nasales. Es donde se encuentran las adenoides (o vegetaciones).
  • Media o orofaringe, por detrás de la cavidad oral y que incluye el paladar blando, la lengua y las amígdalas palatinas (o anginas).
  • Inferior o hipofaringe, por detrás de la laringe.

Las amígdalas palatinas, o comúnmente denominadas anginas, es un tejido linfático que se encuentra en la orofaringe. Están cubiertas por mucosa que forman una serie de criptas (donde se pueden acumular restos de comida). Están implicadas en la defensa del organismo por medio del sistema inmune.

Además existen otros tejidos linfáticos en la faringe: la amígdala faríngea o adenoides, el tejido linfoide peritubárico (en la entrada de la trompa de Eustaquio que comunica el oído con la faringe) y la amígdala lingual (en la base de la lengua). Nos vamos a referir a las amígdalas palatinas.

Se trata de una patología muy frecuente, especialmente en la infancia, de buen pronóstico ya que las complicaciones no son frecuentes, aunque haya que tenerlas en cuenta.

La incidencia varía según la época del año, el ambiente epidemiológico y la edad del enfermo.

¿Cómo se produce?

Las amigdalitis son de causa infecciosa, pudiendo estar involucrados gérmenes del tipo bacteria, virus u hongos. La causa más frecuente son los virus (85%), seguido de las bacterias (10-15%).

Los virus más frecuentes son los Adenovirus, los virus respiratorios (Rinovirus, Influenza y Parainfluenza (el de la gripe)), el Virus de Ebstein-Barr (que produce la mononucleosis infecciosa más conocida como 'enfermedad del beso') Otros pueden ser el virus del Herpes Simple o el virus del VIH.

Dentro de las bacterias destacan gérmenes como el estreptococo betahemolítico, el Haemophilus Influenzae, el Staphylococo, la Moraxella catarrhalis, el Mycoplasma o el gonococo. Esta última es rara y es producida por contacto de la mucosa oral con los órganos genitales de una persona infectada por el gonococo.

Existen otras formas de anginas especiales como la Angina de Vincent ocasionada por bacterias anaerobias de la boca (fusobacterias y espiroquetas), la herpangina (por virus coxsackie A) o la angina ulcerosa de Moure.

Los hongos son menos frecuentes y destaca principalmente la Cándida Albicans afectando principalmente a aquellas personas inmunodeprimidas, diabéticos y pacientes que hacen un uso crónico de corticoesteroides inhalados o vía sistémica.

Sintomatología

La sintomatología es en general marcada por el dolor en la región de la garganta, especialmente al tragar alimentos, junto con fiebre generalmente menor de 38º, en ocasiones escalofríos, malestar general, hipersensibilidad mandibular, rinorrea o mucosidad nasal, conjuntivitis o tos. En ocasiones el dolor puede irradiarse al oído. Dentro del cuadro vírico se puede afectar la laringe y producir afonía.

En el caso de afectación bacteriana es similar aunque los síntomas a menudo son más acusados y de inicio más brusco, especialmente la fiebre. Las amígdalas están enrojecidas y cubiertas por unas placas blanquecinas. Suelen aparecer adenopatías (aumento de los ganglios linfáticos del cuello).

Aunque no es frecuente pueden desarrollarse algunas complicaciones:

  • Otitis media aguda: por el cierre de la trompa de Eustaquio.
  • Abscesos en diferentes regiones de la faringe (retrofaríngeo y laterofaríngeo) o alrededor de la amígdala (absceso periamigdalino), que supone la formación de colección de pus circunscrita a una localización determinada. En este caso el acceso de los antibióticos se ve dificultado.
  • Otra complicación grave y afortunadamente infrecuente, supone el Síndrome de Lemierre, en la que a causa de una amigdalitis se desarrolla una trombosis séptica en la vena yugular interna que puede soltar émbolos infectados al pulmón. Esto suele tener un germen involucrado el Fusobacterium necrophorum.
  • La Angina de Ludwig que afecta a los espacios profundos del cuello y del suelo de la boca (habitualmente por una infección de los molares del maxilar inferior) y que puede extenderse al mediastino.
  • En ocasiones, tras la aparición de una amigdalitis por estreptococo beta hemolítico, el sistema inmune reacciona fabricando anticuerpos que a veces puede dar lugar a sustancias que actúan deteriorando el riñón en lo que se conoce como glomerulonefritis postinfecciosa. Tambien puede afectar a las articulaciones y las válvulas del corazón dando lugar a una fiebre reumática. Hoy en día muy poco frecuente por el tratamiento antibiótico.
Diagnóstico

La prueba diagnóstica más importante es una correcta exploración física que incluye una inspección exhaustiva de la cavidad oral y la faringe. Generalmente se observan unas amígdalas aumentadas de tamaño en una faringe enrojecida y a veces aparición de placas blanquecinas sobre las amígdalas.

Mediante la exploración física no existe la certeza para decidir si se trata de una infección bacteriana que precise de antibióticos o bien una vírica que no los precisa. Clásicamente se refería a aquellas con placas como bacterianas y a las simplemente enrojecidas como víricas, aunque hoy día no es posible diferenciarlas ya que tanto en uno como en otro caso las placas pueden aparecer o pueden estar ausentes.

Debido a esta posible confusión se pueden tomar cultivos del exudado amigdalino, sin embargo, este sistema tarda unos días. La determinación de ASLO ha perdido interés en el diagnóstico de la amigdalitis aguda. Hay técnicas de determinación rápida del estreptococo, aunque no están indicadas en todos los casos.

El análisis de sangre no suele ser necesario y suele mostrar, solo a veces, aumento de leucocitos (glóbulos blancos). En casos más severos pueden existir alteraciones de los iones, datos de malnutrición por ayuno prolongado, o datos de insuficiencia renal si existe importante deshidratación. Todo esto muy infrecuente.

A pesar de estas pruebas lo más efectivo suele ser la valoración clínica del cuadro por parte del médico. Existen unas pautas de actuación a la hora de decidir el uso de antibióticos.

Las pruebas de imagen no suelen ser necesarias salvo en los raros casos de complicaciones como abscesos.

Tratamiento

El tratamiento generalmente es el de los síntomas que conlleve el cuadro. Las infecciones víricas precisarán una correcta hidratación mediante agua, dieta blanda que permita el paso por la faringe de los alimentos y tratamiento de la fiebre y el cuadro general con analgésicos del tipo paracetamol, metamizol, o en ocasiones antiinflamatorios como el ibuprofeno. No se aconseja en niños el uso de Aspirina porque puede desencadenar un grave síndrome denominado Síndrome de Reye.

En caso de afectación bacteriana además de las medidas previamente descritas puede comenzarse con tratamiento antibiótico con penicilina, amoxicilina-clavulánico, cefalosporinas, clindamicina, claritromicina o azitromicina durante 10 días (azitromicina 3 días).

En ocasiones si el cuadro es muy repetitivo, y se cumplen unos protocolos establecidos con respecto a frecuencia y síntomas, puede estar indicada la extirpación de las amígdalas.

En casos de complicaciones de abscesos periamigdalinos el tratamiento generalmente es quirúrgico, drenando el contenido purulento e instaurando un tratamiento con antibióticos. Habitualmente requiere la extirpación de las amígdalas en un segundo tiempo.

Medidas preventivas

En general guardarse del frío y evitar las bebidas muy calientes o muy frías.

24 de julio de 2009

Rinitis y sinusitis

Posted by Orlando Quevedo On 13:17 Sin Comentarios

¿Qué es?
Las fosas nasales son dos pasillos paralelos separados en el centro por el tabique nasal, que se extienden desde sus orificios externos hasta la faringe. Sus funciones son regular el flujo nasal (genera resistencias que controlan el aire que respiramos), acondicionar el aire (lo limpia, lo humedece y adecua la temperatura), defensa inmunológica (generando anticuerpos), defensa mucociliar (moco para detener agentes externos), olfacción (en la parte superior de la nariz), influencia en la fonación (cavidad de resonancia) y drenaje lagrimal (es por donde se eliminan las lágrimas).
La mucosa que tapiza las fosas nasales se caracteriza por una gran vascularización. Los senos paranasales son una serie de huecos situados en el interior de los huesos que rodean las fosas nasales (cráneo y cara). Hay cuatro tipos: maxilares, etmoidales, esfenoidales y fontales. Se encuentran en comunicación con las fosas nasales a través de unos agujeros u ostium, y están tapizados por una mucosa parecida a la del aparato respiratorio. Los senos paranasales aparecen de forma progresiva a lo largo de los años, de forma que al nacimiento sólo existen unos pocos senos, y poco a poco irán apareciendo nuevos durante la infancia hasta la edad adulta.
Se denomina como Rinitis a aquellas inflamaciones de la mucosa que recubre las fosas nasales, bien por causa infecciosa, o bien por otras causas como alergias, alteraciones funcionales, por enfermedades metabólicas y tóxicos, etc. Cuando esta inflamación se extiende a los senos paranasales decimos que existe una rinosinusitis.
Por otro lado denominamos sinusitis al cuadro que cursa con la inflamación de la mucosa que tapiza los senos paranasales. Se trata de una afección frecuente en países desarrollados llegando a afectar hasta el 50% de los habitantes del norte de Europa. En niños el seno que más se afecta es el etmoides, mientras que en adultos es el maxilar. En ocasiones pueden afectarse todos los senos paranasales denominándose entonces pansinusitis.
¿Cómo se produce?
Las Rinitis pueden clasificarse en agudas y crónicas, o también según el síntoma que predomina la congestión nasal o la sequedad. Rinitis presentan un origen diverso.
La causa de la inflamación de la mucosa puede ser debida a:
Agentes infecciosos bacterianos: como es la vestibulitis (infección de los folículos pilosos o pelillos en el inicio de la fosa nasal), o la rinitis por gonococo del recién nacido.
Agentes infecciosos virales, muy frecuentes: como es el catarro común o rinitis aguda inespecífica, o la rinitis por el virus de la gripe.
Otras causas:
Por la estimulación por un agente alérgico (Rinitis alérgica),
Por excitación del sistema parasimpático, debido a cambios bruscos de temperatura, irritantes, fármacos u hormonas (Rinitis vasomotora),
Por uso de descongestionantes nasales (rinitis medicamentosa)
También puede aparecer en el embarazo (rinitis del embarazo o gravídica).
Por repetición de episodios de rinitis aguda, debido a factores predisponentes como la desviación de tabique nasal o la hipertrofia adenoidea (vegetaciones) (Rinitis crónica simple),
Un estadio más avanzado de la rinitis crónica simple es la rinitis crónica hipertrófica, con cambios permanentes de la mucosa nasal.
En relación a ambientes secos y la contaminación (rinitis seca o atrófica) que puede evolucionar a un estado más avanzado de atrofia de la mucosa denominado Ocena.
Algunas enfermedades generales pueden cursar con rinitis, es el caso de la Enfermedad de Wegener, la mucormicosis, la sarcoidosis, la lepra, el sarampión, el lupus eritematoso, la tuberculosis, algunos hongos, etc...
El mecanismo por el que se desarrolla una sinusitis se basa, en la mayor parte de los casos, en un mal funcionamiento del drenaje de secreciones a través del ostium, por causas locales o generales (la causa más común es la obstrucción). Esto dificulta la ventilación y el drenaje del seno, y favorece por otra parte la disminución de la oxigenación en la cavidad y el crecimiento bacteriano. En el caso de las sinusitis maxilares la causa también puede ser dental. En este proceso existen diversos factores favorecedores de esta patología, algunos locales, como una desviación del tabique o la presencia de pólipos nasales, y otros más generales, como la diabetes mellitas, uso prolongado de medicamentos, SIDA, o alteraciones de los iones. Las bajas temperaturas, la sequedad en el ambiente y la contaminación pueden considerarse también factores favorecedores. Además, según el tiempo de evolución podemos diferenciarlas en Sinusitis agudas (duran menos de un mes), subagudas (entre uno y tres meses) y crónicas (duran más de tres meses).
Como microorganismos involucrados en las sinusitis, destacan algunas bacterias, como el Neumococo, Haemophilus Influenzae y Moraxella catarrhalis en el caso de la sinusitis aguda, y las bacterias anaerobias, en el caso de la crónica. Además, los virus también pueden jugar un gran papel en las sinusitis . Otros microorganismos parecen relacionarse con situaciones concretas del paciente, como es el caso de la infección por Petrilledium boydii en enfermos con SIDA, el hongo Aspergilus en los inmunodeprimidos, y la mucormicosis rinocerebral en diabéticos e inmunodeprimidos.
Sintomatología
La sintomatología general de las rinitis son obstrucción nasal, rinorrea, estornudos, prurito nasal y alteraciones del olfato. Dependiendo de la causa presentan características diferentes. Así la presencia de un cuadro parecido al gripal con fiebre, malestar general, emisión de secreción nasal primero acuosa y después más mucosa, así como en ocasiones obstrucción nasal, puede hacernos pensar en una rinitis aguda inespecífica o catarro común. Las costras o dolor en la punta nasal hace pensar en vestibulitis. En el caso de la Rinitis alérgica destacan los estornudos frecuentes, picor de nariz y de ojos, obstrucción nasal y secreción nasal acuosa en el contexto de la exposición a un agente alérgeno. En la rinitis seca los síntomas son contrarios, y no predomina la secreción nasal, sino la sequedad de la mucosa que causa sangrados nasales frecuentes, y que, si evoluciona, puede ocasionar una gran atrofia nasal y un olor fétido desagradable que el paciente a menudo no es capaz de percibir, es lo que se denomina Ocena.
La sintomatología en el caso de las sinusitis agudas suele ser muy florida, mientras que en el caso de las sinusitis crónicas es más larvado y puede pasar más desapercibido. Los síntomas principales de las sinusitis son la obstrucción nasal, cefalea con pesadez de cabeza o dolor punzante sobre el seno afectado y que aumenta al agacharse, toser o esfuerzos físicos, rinorrea o mucosidad que puede ser purulenta, y en ocasiones fétida. Se puede acompañar de fiebre y mal estado general. En el caso de las crónicas suele existir síntomas de obstrucción nasal, voz con resonancia nasal y emisión de secreciones por la nariz.
Diagnóstico
En general el diagnóstico en ambas enfermedades está basado en la sintomatología que refiere el paciente y a los datos obtenidos a través de un exhaustivo interrogatorio, seguido de una correcta exploración física.
La exploración de las fosas nasales incluye una rinoscopia (con rinoscopio y con endoscopios) que permite observar alteraciones en las características de las fosas nasales.
En el caso de las rinitis alérgicas puede ser útil realizar unas pruebas cutáneas de alergia. La palpación ósea en el caso de las sinusitis puede ser de ayuda dado que con frecuencia reproduce dolor en los senos paranasales afectados.
Las pruebas de imagen son especialmente útiles en las sinusitis. Entre ellas destacan la radiografía de senos paranasales en diferentes proyecciones que permiten ver una opacidad en la región afecta. Pero en bastantes ocasiones hay que emplear otras pruebas de imagen como es la TC (escáner) o la Resonancia magnética craneal que permite definir más exactamente los senos y valorar otras afecciones concurrentes.
Tratamiento
El tratamiento de las rinitis va a depender más de la causa desencadenante, sin embargo, en general se pueden usar las medidas generales, como lavados nasales o vahos, para reducir la congestión. Sin embargo en algunos casos en los que la humidificación nasal no sea suficiente puede ser necesario el uso de fármacos como antihistamínicos, corticoides tópicos, antiinflamatorios y analgésicos. El uso de antibióticos no suele precisarse habitualmente si no hay una sinusitis asociada. En el caso de las rinitis donde predomina la sequedad, el tratamiento se basa en una hidratación local y general con lavados con suero salino, y , en ocasiones, con pomadas oleosas. La cirugía no suele usarse comúnmente, sin embargo en el caso de rinitis crónicas de larga evolución, en las que el tratamiento médico no logre mejorar unos síntomas molestos para el paciente, puede precisarse de la intervención quirúrgica.
El tratamiento de la sinusitis comienza con el tratamiento inmediato de la infección, habitualmente mediante el tratamiento con antibióticos, como la amoxicilina-ácido clavulánico, macrólidos o quinolonas, así como vasoconstrictores tópicos, corticoide tópicos, antihistamínicos, antiinflamatorios tópicos y, en ocasiones aerosoles.
Se recomiendan una buena humidificación mediante la hidratación oral, el uso de una solución fisiológica en las fosas nasales o realizando inhalaciones de vapor de agua.
Sin embargo en ocasiones el tratamiento médico no es suficiente o se pueden haber desencadenado complicaciones como celulitis o meningitis. En estos casos el tratamiento de elección pasa por realizar una intervención quirúrgica. Últimamente la cirugía se intenta realizar por endoscopia aunque en casos más complejos pueden precisar de una cirugía abierta.
Medidas preventivas
Las medidas preventivas parten del evitar las infecciones de las vías respiratorias superiores, como la gripe, mediante una buena higiene de las manos, el uso de vacunas y una correcta alimentación. Además se debe evitar los ambientes secos, con abundante humo y contaminación, así como la exposición a potenciales alérgenos.

Orlando Quevedo

4 de julio de 2009

Perdida de la audicion y sordera

Posted by Orlando Quevedo On 7:35 Sin Comentarios


¿Qué es?
La sordera o hipoacusia es lo que denominamos como pérdida de audición, lo cual supone una dificultad o franca incapacidad para escuchar los sonidos por medio del sentido del oído.
La audición es un sentido cuyo mecanismo resulta muy complejo, dado que en él intervienen diversos elementos extraordinariamente coordinados, que pueden fallar en un momento dado, originando entonces un déficit auditivo de intensidad variable. El proceso de audición empieza con la captura y concentración de las ondas sonoras por el pabellón auditivo, que lo dirige hacia el conducto auditivo externo, el cual no sólo conduce el sonido sino que lo amplifica debido a sus cualidades resonadoras. Posteriormente las ondas sonoras impactan sobre la membrana timpánica que, a su vez, son trasmitidas y amplificadas a través del los huesecillos del oído medio hasta el oído interno, más concretamente a la cóclea, la cual actuará como receptor y que trasforma un estímulo sonoro y mecánico en uno bioeléctrico, que se retransmitirá en forma de descargas eléctricas nerviosas a la región del cerebro encargada de interpretar los sonidos.
La sordera o hipoacusia supone una patología de gran importancia en España ya que en torno a 120.000 personas presentan hipoacusia severa y casi un millón padece algún tipo de limitación de la audición.
¿Cómo se produce?
Como se ha hecho referencia anteriormente, este asombroso sistema involucrado en la audición requiere una perfecta armonía entre sus diferentes estructuras, de forma que algún fallo en esta cadena puede dar lugar a un déficit de audición.
En general las hipoacusias se pueden diferenciar en dos tipos principales:
De transmisión o de conducción: donde se produce un fallo en la transmisión de las ondas sonoras a través de oído externo y medio.
Perceptivas o neurosensorial: donde el fallo se encuentra en la cóclea, en su función de retransmisión e interpretación de las ondas sonoras en estímulos bioeléctricos, en el nervio auditivo, vías acústicas o en la corteza cerebral.
Las causas de hipoacusia son muy variadas y engloban patologías de las tres estructuras principales del oído, el externo, medio e interno. Hay algunas causas que son transitorias y que se solucionan al resolver la patología de base (otitis, la presencia de cuerpos extraños en el conducto auditivo, disfunciones de la trompa e Eustaquio, etc), otras requieren tratamiento quirúrgico, y otras son sólo subsidiarias, en la actualidad, del uso de prótesis auditiva.
Así entre las posibles causas de hipoacusia se incluyen:
En la edad infantil: alteraciones hereditarias o genéticas, malformaciones congénitas, hipoacusias adquiridas en el periodo prenatal, en el nacimiento o después del nacimiento como infecciones por rubéola, citomegalovirus, toxoplasmosis, sífilis, herpes, meningitis bacteriana y parotiditis postnatal, sarampión, varicela, aumento de bilirrubina, fármacos tóxicos para el oído durante la gestación, traumatismos obstétricos, etc.
En adultos causas de hipoacusia transmisiva son tapones de conducto auditivo externo, tumores benignos o malignos del cnducto auditivo externo, otitis medias agudas o crónicas, perforaciones timpánicas, cambios de presión en el oído por alteraciones de la trompa de Eustaquio, procesos adhesivos crónicos, cicatrices residuales, timpanoesclerosis, otoesclerosis, etc.
En adultos causas de hipoacusia neurosensorial son presbiacusia, afectación por ruido, alteraciones genéticas, sorderas súbitas, otoxicidad, tumores del VIII par o nervio auditivo, etc.
Sintomatología
La sintomatología se basa en una pérdida de audición en uno a los dos oídos en un grado variable según el tipo de lesión y su severidad.
Es conveniente realizar un exhaustivo interrogatorio al paciente para aclarar las posibles causas de la pérdida de audición. Conocer si afecta a uno o los dos oídos, la severidad de esa pérdida, si se sospecha una pérdida total de audición (cofosis), o, en otros casos, la pérdida de audición es parcial, si afecta al lenguaje, a la localización de una fuente de sonido, si afecta a las relaciones sociales, etc. Es importante saber el tiempo de evolución en la que se ha ido presentando la pérdida de audición, si ésta ha ido instaurándose de una forma progresiva o de manera súbita.
Hay que conocer si existen otros síntomas asociados a la hipoacusia como el escuchar ruidos en el interior de oído (acúfenos), emisión de secreciones por el oído (otorrea), dolor en los oídos, traumatismos previos, si oye mejor en ambientes ruidosos (paracusia de Willis), si nota resonancia de su propia voz y oye peor al masticar (paracusia de Weber), ambos frecuentes en la otosclerosis, si ha habido antecedentes de otitis, de catarros, de alergias, de exposición al ruido tanto agudo como crónico, si ha subido en avión o ha estado buceando, si ha tomado recientemente fármacos otototóxicos, si presenta asociados otros síntomas y signos de diversos síndromes congénitos, etc....
Diagnóstico
El diagnóstico se basa inicialmente en el tipo de sintomatología que refiere el paciente y en la realización de una serie de pruebas exploratorias encaminadas a valorar la localización más precisa de la lesión, para, así poder emplear las pruebas complementarias más específicas. La exploración otológica del oído es fundamental en cualquier caso ya que permite identificar posibles alteraciones en el conducto auditivo y la membrana timpánica.
Entre las pruebas exploratorias a realizar destacan:
La exploración con diapasones: la prueba de Rinne que compara la audición del sonido con un diapasón que ocasiona una vibración por el aire, con la vibración que se detecta si tocáramos con el diapasón en el hueso de la parte posterior del cráneo. La prueba de Weber se realiza con un diapasón vibrando en el vértice superior de la mitad del cráneo y se valora si esa vibración se detecta en uno u otro oído.
La audiometría en la que se valorará el umbral auditivo del sonido trasmitido por vía aérea y por vía ósea (por medio de una vibración sobre el hueso del cráneo), para posteriormente ir realizando una gráfica con el umbral de audición por las dos vías con diferentes frecuencias (más graves y agudos). Las características de estas gráficas y en especial la relación entre el umbral óseo y aéreo nos pueden diferenciar entre una hipoacusia de transmisión o neurosensorial. Existen distintos tipos de audiometrías: tonal liminal realizado con tonos puros en diferntes frecuencias, la audiometría con altas frecuencias, la audiometría verbal que se realiza con estímulos a base de palabras y no tonos puros, y la audiometría supraliminal donde el estímulo auditivo que se utiliza está por encima del umbral del sujeto y nos puede ayudar a discriminar dentro de las hipoacusias neurosensoriales las que son por un fallo en el oído interno o bien en la transmisión nerviosa posterior a la cóclea.
En algunos casos es necesaria la impedanciometría que se basa en el estudio de la resistencia que ofrece el conjunto del tímpano y la cadena de huesecillos al paso del sonido y que nos indica de la elasticidad del este sistema. Existen dos pruebas impedianciométricas: la timpanometría que mide las variaciones de la distensibilidad de la membrana timpánica y los huesecillos en función de las variaciones de la presión a nivel del conducto auditivo externo, y la medición del reflejo estapedial que se basa en la contracción del músculo de un huesecillo denominado estribo para aumentar la resistencia del sistema tímpano-huesecillos al registrarse un sonido de gran intensidad y que sirve para evitar que la vibración cause daños en el sistema auditivo.
Otoemisiones acústicas: muy utilizadas en el despistaje de hipoacusia en niños.
Potenciales evocados auditivos: realiza un estudio de la respuesta electrofisiológica del sistema nervioso a la estimulación sonora.
Algunas pruebas de imagen pueden resultar muy útiles para detectar posibles patologías. Entre ellas destacan la radiografía de cabeza, el TC craneal (escáner de la cabeza) y la Resonancia magnética craneal.
Tratamiento
El tratamiento está basado en el de la causa subyacente.
En caso de causas potencialmente reversibles, como el caso de la presencia de un cuerpo extraño en el conducto auditivo, las una otitis agudas, las disfunciones de la trompa de Eustaquio, etc, el tratamiento es el causal.
En el caso de hipoacusia brusca idiopática se usan en ocasiones corticoides y vasodilatadores. En el caso del empleo de fármacos ototóxicos es mandatoria la suspensión automática del fármaco involucrado, de forma que en ocasiones el déficit pueda ser reversible, aunque algunos fármacos pueden causar una lesión auditiva permanente.
En caso de un trauma acústico por presión atmosférica o una onda expansiva, el tratamiento de las lesiones de oído medio, se basa en antiinflamatorios, analgésicos, vasoconstrictores nasales, corticoides, etc. A veces puede precisarse un drenaje timpánico.
La cirugía puede ser necesaria en algunos casos como la otosclerosis, perforaciones timpánicas, colesteatomas, tumores, secuelas cicatriciales, etc.
El tratamiento en los casos en que no exista capacidad de reversibilidad, casos no subsidiarios de cirugía, o que el paciente no desee operarse, (como en las sorderas congénitas hereditarias, la presbiacusia, la otosclerosis avanzada, lesiones de cóclea, etc) es el uso de prótesis auditivas mientras la cóclea admita la adaptación. En casos de hipoacusias profundas o cofosis puede ser útil la colocación de implantes cocleares.
Medidas preventivas
Es muy importante detectar las hipoacusias en los niños aunque sean leves, dado que cuanto antes se conozca el diagnóstico preciso, antes se podrá poner en marcha una estimulación y acondicionamiento del entorno del paciente para evitar así una repercusión en el lenguaje y capacidad de aprendizaje del niño.
Tambien es importante limitar la exposición al ruido, el uso de sustancias y fármacos ototóxicos, o evitar cambios bruscos de presión sobre todo cuando se está acatarrado.

Orlando Quevedo

9 de junio de 2009

Otitis

Posted by Orlando Quevedo On 21:47 Sin Comentarios


¿Qué es?
El término Otitis hace referencia a la inflamación de las estructuras del oído.
El oído se divide en tres partes:
Oído externo, que incluye desde el pabellón auditivo (oreja) hasta la membrana del tímpano.
Oído medio, donde se encuentra la cadena de huesecillos. Comunica con la nariz, mediante la trompa de Eustaquio, y con la mastoides, por un orificio posterosuperior.
Oído interno o laberinto que es la parte más interna. A su vez se divide en dos, el laberinto anterior o cóclea, que es donde el sonido se convierte en un estímulo nervioso, y es denominada comúnmente como "caracol", y el laberinto posterior que engloba a tres conductos semicirculares y el vestíbulo, con el utrículo y el sáculo; el laberinto posterior está relacionado con el equilibrio.
Como el oído se divide en tres partes, la inflamación de cada una de estas partes reciben las denominaciones de otitis externa, otitis media y laberintitis o inflamación del oído interno.
¿Cómo se produce?
La otitis externa presenta diferentes formas de presentación
Otitis externa circunscrita o forunculosis: es la infección de un folículo piloso del conducto auditivo externo (pelito del conducto del oído). Es causado generalmente por la bacteria Staphilococcus Aureus. Posiblemente causadas por maniobras de rascado.
Otitis externa difusa bacteriana: que consiste en una inflamación de la piel del conducto auditivo. Son determinantes el calor y la humedad, por lo que es muy frecuente en verano. Es producida, generalmente, por la entrada de agua contaminada (suele ser típico en los nadadores, tras el uso de bastoncillos o por erosiones). Casi siempre producida por la bacteria Pseudomona Aeruginosa.
Otitis externa necrotizante o maligna: Es una forma de otitis de especial gravedad, que ocurre generalmente en pacientes inmunodeprimidos y diabéticos, de edad avanzada. Es muy grave, pudiendo ser letal. Ocasionada por Pseudomona Aeruginosa, puede afectar a tejidos vecinos como el pabellón auricular, parótida, la mandíbula e incluso ocasionar osteomielitis de los huesos del cráneo, tromboflebitis del seno lateral y afectación de las meninges.
Otras inflamaciones que afectan al oído externo son la Otomicosis ocasionada por infección del conducto auditivo externo por hongos, generalmente Cándida o Aspergillus; las otitis por Virus del Herpes Simple, la Otitis externa bullosa o miringitis bullosa ocasionada por el Micoplasma pneumoniae en el seno de una infección respiratoria, y los eccemas de la piel del pabellón y/o conducto auditivo externo.
Las otitis medias son un grupo más heterogéneo de patologías:
Otitis media secretora o mucosa: ocasionada por una disfunción o una obstrucción de la trompa de Eustaquio que comunica el oído medio con la faringe y que se encarga de airear la cavidad del oído medio. Al alterarse la trompa se produce una disminución de la presión en el oído medio originando una secreción serosa (otitis serosa). Si se cronifica ocasiona cambios en las células que tapizan el oído medio convirtiéndolas en células secretoras de moco que ocasiona una otitis mucosa. Suele ocurrir en niños con hipertrofia adenoidea (vegetaciones), en pacientes con mala respiración nasal, en malformaciones velopalatinas (del paladar) o en el Síndrome de Down. También se relaciona con los tumores de Cavum o rinofaringe.
Otitis Media Aguda o supurativa aguda: es una infección aguda de la mucosa que tapiza el oído medio que dura menos de tres semanas. Es ocasionada por gérmenes como el Streptococcus pneumoniae (neumococo), Haemophilus Influenzae, Streptococcus grupo A y Moraxella catarrhalis. Aparecen frecuentemente como complicación de una infección de vías respiratorias superiores. Tambien puede aparecer por vía del conducto auditivo externo cuando existe una perforación timpánica. Muy frecuente en niños menores de 6 años. Algunas formas especiales de Otitis media aguda la componen la otitis del lactante con mayor riesgo de complicaciones y las otitis medias necrotizantes más frecuentes en inmunodeprimidos y en enfermedades sistémicas con evolución más agresiva, pudiendo dejar importantes secuelas.
La Otitis Media crónica: consiste en una inflamación crónica del oído medio de más de tres meses de evolución. Existen a su vez tres tipos principales, la supurativa benigna simple con perforación timpánica central en la que no hay destrucción de los huesecillos del oido ni de los huesos colindantes, otitis media crónica con perforación marginal y la colesteatomatosa que produce destrucción ósea con riesgo de complicaciones.
Tanto las otitis medias agudas como las crónicas pueden dar complicaciones como mastoiditis, petrositis, laberintitis, fístulas del oído interno, parálisis facial, meningitis, abscesos intracraneales, tromboflebitis del seno sigmoide o lateral. Aunque hoy día con el uso generalizado de antibióticos no suelen ocurrir este tipo de complicaciones.
La patología inflamatoria del oído interno o laberinto puede deberse a varias causas, entre las que destacan las de causa viral, generalmente en el contexto de una infección vírica de vías respiratorias altas.
Sintomatología
Los síntomas que podemos encontrar en las otitis son:
Dolor de oído (otalgia) que suele ser persistente, muy molesto, continuo,
Sensación de picor (prurito).
Secreciones que salen por el oído (otorrea), que pueden ser serosas, mucosas, purulentas, y en ocasiones sanguinolentas (otorragia).
Sensaciones auditivas desagradables como zumbidos o pitidos (acúfenos), autofonía (oirse a uno mismo al hablar)
Disminución de la audición o sordera (hipoacusia), que puede persistir semanas.
Además pueden añadirse otros síntomas más inespecíficos como sensación febril, mareos o malestar general.
Cada tipo de otitis va a tener sus síntomas característicos.
Las otitis externas se manifiestan como:
La otitis externa circunscrita es característica una otalgia que se intensifica con la movilización del pabellón auditivo y cuando se presiona sobre una región de la oreja denominada trago.
En la otitis externa difusa los síntomas son similares solo que suele añadirse otorrea serosa o purulenta, y, si se obstruye por la inflamación el conducto auditivo, puede presentarse sordera o hipoacusia.
La Otomicosis suele acompañarse de picor (prurito) y otorrea densa.
La infección por herpes produce dolor, vesículas en la piel y en ocasiones parálisis facial.
En el caso de las otitis medias:
La Otitis media serosa y mucosa se manifesta como hipoacusia o sordera, sensación de taponamiento del oído con escucha de chasquidos durante la deglución y autoescucha de la voz (autofonía). No suele acompañarse de otalgia ni otorrea. Muy frecuentemente cursan de forma asintomática.
La Otitis media aguda comienza con perdida de audición (hipoacusia) y dolor. Posteriormente se continúa con una salida espontánea de exudado purulento por el oído (otorrea purulenta) al producirse una perforación timpánica por la presión de las secreciones, momento en el que mejora el dolor de oído.
Las Otitis medias crónicas dan otorrea, que puede ser persistente a pesar de tratamiento, sordera o hipoacusia más o menos importante y, en ocasiones, pueden producir las complicaciones ya descritas.
Las laberintitis producen, sobre todo, vértigo, y en ocasiones hipoacusia. En las laberintitis serosas suele ser reversible, pero en las purulentas, con un vértigo muy intenso y sordera muy marcada, son casi siempre irreversibles.
Diagnóstico
El diagnóstico de la patología inflamatoria del oído esta basado principalmente en el interrogatorio que realizará su médico acerca de los síntomas ya descritos, así como los datos que se desprenden de la exploración física y de la otoscopia.
En ocasiones podrá ser necesario el empleo de técnicas de imagen como el TC (escáner) o la Resonancia Magnética Nuclear (RMN), especialmente cuando se sospechan complicaciones.
A veces se realizará una audiometría para valorar el grado de hipoacusia (sordera) y sus características. En las otitis serosas también puede ser necesaria la realización de una timpanometría.
En la exploración los hallazgos que se obtengan variarán dependiendo del tipo de afectación. Así en la otitis externa circunscrita la intensificación del dolor con la presión en el trago, y la visualización en el conducto auditivo externo de un enrojecimiento e hinchazón localizado en un punto, nos apoyará el diagnóstico. En la Otitis externa difusa el hinchazón del conducto es más generalizado y en ocasiones puede ocluir todo el espacio; a menudo se observan secreciones purulentas abundantes. La Otomicosis presenta un aspecto de las secreciones blanquecino o negruzco dependiendo del agente causante (Cándida o Aspergillus). En la Otitis media serosa y mucosa, la caja del oído medio aparece ocupada por una coloración de color ambar y a veces se traslucen burbujas, y en fases más avnzadas el tímpano puede aparecer retraído y deslustrado. La Otitis media aguda se muestra a la otoscopia inicialmente con un enrojecimiento de la membrana del tímpano, y posteriormente con un abombamiento timpánico que termina por perforar éste y eliminar secreciones purulentas por el conducto auditivo. En la Otitis Media crónica la otoscopia puede revelar la presencia de un colesteatoma con perforación timpánica y aparición de escamas blanquecinas en el oído medio. En el caso de una laberintitis la otoscopia no revela muchos datos, aunque puede mostrarnos estigmas de una otitis media previa causante de la laberintitis. En el caso de infección por Herpes Zoster puede visualizarse un enrojecimiento de la piel del conducto auditivo externo con aparición de vesículas en la otoscopia.
Tratamiento
Como medidas generales es necesario añadir que se debe evitar la entrada de agua en los oídos cuando se presenta una otitis. En ocasiones puede ser útil la aplicación de calor seco local y el manejo del dolor mediante analgésicos como el paracetamol y el metamizol, así como antiinflamatorios como el ibuprofeno y el naproxeno. No obstante cada entidad clínica presentará su tratamiento específico.
En el caso de la Otitis Externas va a basarse, principalmente, en el uso de antibioterapia local en forma de gotas con neomicina, ciprofloxacino, gentamicina o polimixina B, a veces asociados a corticoides, o, en ocasiones, con antifúngicos si se trata de una Otomicosis. Suele ser recomendable realizar una limpieza previa del conducto auditivo externo. Los antibióticos tomados vía oral se reservarán para los casos de afectación importante y en complicaciones. Si el conducto auditivo está muy cerrado puede ser útil el empleo de gasas impregnadas con antibiótico durante 48 horas. El tratamiento en general se suele mantener 10 días. No suele emplearse el drenaje quirúrgico del forúnculo salvo en casos muy evolucionados.
En el caso de la otitis media serosa-mucosa el tratamiento se basa en el empleo de descongestionantes nasales, (oximetazolina, pseudoefedrina) y antiinflamatorios (ibuprofeno, aspirina...). Se pueden utilizar corticoides tópicos nasales, y en ocasiones generales. Se añaden antibióticos cuando se sospeche una infección bacteriana. Cuando el episodio persiste más de dos-tres meses debe considerarse el tratamiento quirúrgico perforando la membrana timpánica y dejando un pequeño tubo de drenaje. La extirpación de las adenoides (vegetaciones) puede ayudar a evitar nuevos episodios.
La Otitis media aguda suele precisar el empleo de antibióticos por vía oral como la amoxicilina-ácido clavulánico durante 10 días. Si existe perforación timpánica se pueden añadir antibióticos tópicos en gotas. Si no está perforado pero persiste el dolor puede ser preciso una perforación quirúrgica y mantenimiento de un drenaje (poco frecuente). A veces el tratamiento antibiótico debe prolongarse más tiempo si se continúa con otorrea, y en niños puede ser necesario el tratamiento preventivo con antibióticos y extirpación de las vegetaciones. El tratamiento de la Otitis Media Crónica es casi siempre quirúrgico y laborioso.
El Tratamiento de las laberintitis se basa en el empleo de antibióticos vía oral y en el caso de ser purulenta incluso por vía intravenosa.
Medidas preventivas
Se recomienda evitar el nadar en aguas de aspecto contaminado y si es posible nadar con tapones, así como asegurar un cuidadoso secado de los oídos tras humedecerse. Se deben evitar los bastoncillos de los oídos que pueden erosionar el conducto auditivo y empujar los detritus del conducto auditivo más profundamente y causar lesiones del tímpano.